BARRIO LOTE 4
Insfrán no mencionó a Bernardino Rivadavia en el acto de inauguración del estadio del club Fátima
En el vasto entramado de la historia argentina, hay figuras que iluminan con fuerza y otras que generan sombras dependiendo del ángulo ideológico desde donde se las observe. Tal vez no sea casual —ni menor— que Gildo Insfrán, gobernador peronista de Formosa desde hace décadas, jamás nombre ni reivindique a Bernardino Rivadavia, primer presidente argentino. Y hay razones de peso para ello.
Rivadavia es recordado en los manuales de historia como un hombre ilustrado, europeizante, centralista y profundamente porteño céntrico, lo que hoy representa Milei, además de otras cosas más.
Su proyecto de país giraba en torno a Buenos Aires como el eje civilizador de una nación aún en formación, mientras que el interior —el "resto del país"— debía plegarse a esa visión o quedar relegado. Su presidencia (1826-1827), breve, pero simbólicamente poderosa, cristalizó una visión unitaria del poder y del progreso, que chocaba con las aspiraciones federales de las provincias, especialmente las más alejadas del puerto.
Formosa, provincia históricamente marginada del poder central, sufrió y sufre como muchas otras las consecuencias de esa lógica. En la memoria política e identitaria del norte argentino, Bernardino Rivadavia no es un héroe, sino el símbolo del desprecio de la élite porteña por las realidades sociales, culturales y económicas del interior profundo.
Insfrán, peronista del norte, ultra kirchnerista y defensor acérrimo del modelo federal, ha construido su liderazgo apelando a un discurso de reivindicación histórica de las provincias postergadas. En su narrativa, y sobre todo la de campaña, el Estado nacional debe estar presente para igualar oportunidades, y no para consolidar las asimetrías heredadas del siglo XIX.
En ese contexto, Rivadavia representa el "modelo contrario": el de la oligarquía ilustrada, lejana al pueblo, que creía que la civilización solo llegaba desde Europa y por el puerto de Buenos Aires.
Tampoco puede pasarse por alto que Rivadavia fue fuertemente anticlerical, impulsando reformas que provocaron fricciones con la Iglesia. Insfrán, en cambio, mantiene una relación ambigua, pero simbólicamente importante con lo religioso, especialmente con el catolicismo popular y en lo que fue la figura del papá Francisco.
En resumen, Insfrán no necesita atacar directamente a Rivadavia: con no nombrarlo, en un importante acto barrial y de campaña ya lo excluye del panteón de referentes nacionales que representan el modelo de país que él defiende.
En el juego simbólico del poder, el silencio es tan elocuente como la palabra. Y en la Formosa de Insfrán, Rivadavia no tiene lugar, porque su proyecto de Nación fue, precisamente, la negación de las provincias como sujetos plenos del destino común. Por eso lo dijo Gildo, para él y para el peronismo antes que honrar un libertario, viva "Lote 4" carajo.
AUTOR: R.V.