viernes 3 de abril de 2026

OPINIÓN

Cuando el alcohol acelera la perdida de vidas

Manejar borracho también es una forma de violencia.
lunes 02 de febrero de 2026

Cuando el alcohol entra en la ecuación, el tránsito deja de ser destino y pasa a ser consecuencia. Cada vida perdida en el tránsito expone algo más que imprudencia, revela una falla social que la ley, sola, no logra corregir.

En Formosa, cada sirena que rompe la noche no solo anuncia un accidente, sino que presagia una ausencia. Un plato vacío, una habitación que no vuelve a ocuparse, una vida joven que se apaga antes de tiempo. Y en muchos de esos finales hay un protagonista que se repite con obstinación trágica: el alcohol, las drogas, y la imprudencia.

Decenas de muertes por año en siniestros viales en la provincia, una mayoría de víctimas jóvenes motociclistas. No son números sueltos, son trayectorias interrumpidas.

El alcohol no solo nubla la vista, obnubila los reflejos. Convierte una esquina en una encrucijada mortal y una decisión trágica, “manejo igual, estoy bien” “Nunca me Pasó” Frases que aceleran una sentencia irreversible. En jóvenes, el riesgo se multiplica: menos experiencia, más exposición, más presión social y una cultura que sigue romantizando el exceso como rito de pertenencia.

Formosa adhirió a la ley de Alcohol Cero. El gesto político es correcto y necesario. Los controles existen, las campañas se anuncian, los números muestran ciertas mejoras. Pero la pregunta incómoda persiste: ¿alcanza con la ley cuando el problema es cultural? ¿Alcanza con el castigo cuando el mensaje social sigue siendo ambiguo?

Cada muerte evitable en el tránsito es un fracaso colectivo. Del Estado que no controla lo suficiente, de una sociedad que naturaliza el riesgo, de una lógica que tolera que los fines de semana se cobren vidas como si fueran daños colaterales inevitables. No lo son. Son consecuencias.

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Hablar de accidentes es suavizar la realidad. En muchos casos no hay azar, hay malas decisiones. Y cuando esas decisiones se toman bajo el efecto del alcohol, el volante se transforma en un arma y la calle en un campo minado para todos.

Mientras sigamos contando muertos en lugar de preguntarnos por qué seguimos llegando tarde, el problema no será la estadística. Será nuestra resignación.

Prudencia no ocupa ningún lugar llévala siempre con vos...

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