viernes 24 de abril de 2026

OPINIÓN

Acertijo 2027: la incertidumbre como único camino

Crisis sin remedio y el desgaste del Gobierno que no encuentra eco.
viernes 24 de abril de 2026

La política argentina tiene un extraño comportamiento: cuando todo parece definido, en realidad nada lo está. Y todo se vuelve peligrosamente predecible. A medida que el calendario avanza hacia 2027, fecha de vencimiento del mandato otorgado a Javier Milei tras su triunfo en las elecciones del 2023, en el escenario político no se disputan proyectos: es más un espejo de frustraciones acumuladas.

Javier Milei se presentó como el paladín de la moral y estéticamente superiores. Hoy gobierna bajo la tensión de sus promesas incumplidas. La “motosierra”, convertida en símbolo y método, no solo recortó el gasto: también dejó cicatrices visibles en el tejido social. La inflación, esa vieja conocida que se resiste a abandonar la escena, al igual que la casta política y económica, gozan de buena salud, mientras se continúa erosionando el poder adquisitivo; el consumo se contrae hasta niveles donde lo esencial empieza a parecer un lujo. La paradoja es brutal: el ajuste no logra estabilizar, pero sí logra desgastar.

En las calles, el humor social oscila entre el cansancio y la resignación. En las encuestas, la imagen presidencial acusa una caída libre de desaprobación que, sin embargo, no se traduce automáticamente en una alternativa sólida. Y ahí aparece el verdadero nudo del problema: ¿la oposición dónde está?

El arco opositor no solo carece de unidad; carece, sobre todo, de una narrativa convincente. Nombres sobran, liderazgo falta. Figuras como Sergio Massa, Miguel Ángel Pichetto, Guillermo Moreno, Juan Grabois o el gobernador Axel Kicillof aparecen, desaparecen, miden, dudan, ensayan gestos. Pero ninguno logra, hasta ahora, romper la barrera de la desconfianza generalizada. Todos se quejan, gritan y hacen encendidas críticas sobre el rumbo que ha tomado el país en estos tiempos, pero ninguno propone o proyecta una alternativa que enamore.

Lee también: Denunciaron penalmente a Javier Milei por prohibir el ingreso de periodistas a Casa Rosada

El problema no es solo de nombres: es de representatividad. La política parece hablar un idioma que la sociedad ya no reconoce como propio. Mientras tanto, las internas opositoras, lejos de construir una alternativa, alimentan una fragmentación que termina siendo funcional al oficialismo. Porque, en política, el vacío, cuando no lo ocupa la oposición, lo rellena quien ya está en el poder.

Entonces surge una pregunta incómoda: ¿puede el descontento social, por sí solo, garantizar un cambio de rumbo? El rechazo no organiza, no lidera, no gobierna. Y, en ese vacío, incluso un gobierno debilitado puede encontrar oxígeno.

Así, el escenario hacia 2027 se dibuja con una lógica inquietante: un presidente cuestionado, pero sin reemplazo claro; una oposición ruidosa, pero poco efectiva; y una sociedad que desconfía de todos por igual. En este triángulo de incertidumbres, la posibilidad de un segundo mandato para Javier Milei deja de ser una hipótesis absurda para convertirse en una consecuencia posible.

“Falta mucho”, dicen algunos, como si el tiempo fuera garantía de renovación. Pero el problema no es cuánto falta, sino qué está ocurriendo ahora. Y lo que ocurre es que la política argentina, una vez más, parece más preocupada por disputarse el poder que por reconstruir el sentido de representación.

En un país donde nada resulta del todo creíble, ni siquiera las encuestas, la única certeza es la incertidumbre. Y en ese terreno, suele ganar no el mejor, sino el que logra sobrevivir a su propio desgaste.

Milei cae, pero nadie capitaliza.