martes 24 de marzo de 2026

OPINIÓN

La era Milei: cuando la incertidumbre propicia la desazón

El futuro como excusa, un presente en ruinas y una Magistral pedagogía de la Resignación.
martes 24 de marzo de 2026

Hay épocas que se narran solas. No necesitan historiadores, ni disfrazar la realidad, basta con abrir la heladera vacía, mirar la factura de luz o caminar por un barrio que antes tenía comercios prósperos, y ahora solo se escucha “No se vende Nada”. La llamada era Milei pertenece a ese tipo de momentos históricos en los que la realidad se vuelve tan cruda que parece exagerado al describirla.

La promesa de una “Argentina potencia” se ha transformado en un horizonte que se aleja cada vez que intentamos acercarnos. Milei la enuncia como un destino épico!!!, pero ese futuro parece inaccesible e inalcanzable, para la mayoría de nosotros. Prometer prosperidad a décadas es la estrategia más antigua de quienes no pueden ofrecer soluciones hoy. El futuro como refugio, como excusa, como slogan eterno. Pero dicen que el futuro es el reflejo del presente. Si el presente es desesperanza, ¿qué reflejo podemos esperar en el futuro?

Mientras tanto, las pequeñas economías, que son las que sostienen cualquier sociedad, se desangran en el silencio indiferente de los funcionarios que viven en otro mundo. Nos hablan del carry trade, de los grandes flujos financieros, de mercados internacionales que celebran rendimientos espectaculares… pero esos aplausos no llegan a las góndolas, ni a las mesas, ni a los bolsillos de quienes vivimos al día.

El arco político, lejos de ser un contrapeso, parece habitar un universo paralelo. Un mundo con privilegios cortesanos, donde la urgencia ajena es apenas un dato estadístico y la pobreza una clase heredada. Como nobles modernos, ensimismados en su propio ritual de poder, se desentienden del país real del mismo modo en que los señores feudales ignoraban el hambre de sus siervos. Y, sin embargo, siguen hablándonos de sacrificio. Del sacrificio ajeno, claro.

Lo más inquietante no es solo el deterioro económico, sino la erosión de la lógica. La normalización de discursos de odio, vacíos, ruidosos, que se repiten como mantras y que muchos aceptan con la resignación de quien ya no puede esperar demasiado. La degradación se propaga como un paso necesario hacia un mañana mejor. Una clase magistral del sufrimiento que promete redención, sin fecha, sin garantías, sin brújula.

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Argentina ha entrado en una zona donde la incertidumbre dejó de ser transición para convertirse en realidad. Y cuando una sociedad entera aprende a convivir con la desesperanza, el verdadero peligro no es el ajuste, ni la inflación, ni los mercados. El verdadero peligro es acostumbrarse.  No conforme con tantos logros el presidente le puso la frutillita a su gestión y dijo “Vamos a Ganar la Guerra” metiéndonos en un conflicto Internacional que es ajeno a nuestras costumbres pacifistas.

Porque cuando la gente deja de esperar algo del presente, deja también de reclamarle algo al futuro.

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos.”

Antonio Gramsci (filósofo, periodista y político italiano)

Autor Galo Arindo Trinidad