lunes 23 de febrero de 2026

Opinión

Cambalache formoseño: cuando al poder le conviene más un burro que un gran profesor

Discépolo escribió Cambalache en 1934, pero parece haberla compuesto pensando en la Formosa de hoy.
viernes 23 de enero de 2026

Ese mundo “problemático y febril”, donde “da lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de los otros”, encuentra aquí una traducción perfecta: para el poder formoseño, que no solo es Gildo, sino también su séquito cercano, vale más un burro obediente que un gran profesor con ideas propias.

En Formosa se ha invertido el orden natural de los valores. El conocimiento incómoda, la formación estorba, la ética molesta.

Un profesional crítico es un peligro; un joven con pensamiento propio, una amenaza. En cambio, el ignorante funcional, el mediocre disciplinado, el burro agradecido por el cargo, de ministro o director es ideal. No cuestiona, no propone, no piensa. Solo firma, repite y obedece, como juez de primera instancia.

Por eso se van. Se van los jóvenes preparados. Se van los docentes formados. Se van médicos, ingenieros, técnicos, emprendedores.Se van empresarios que podrían invertir, generar trabajo y desarrollo, pero que no están dispuestos a negociar con la corrupción ni a pagar peajes políticos para sobrevivir.

No se van por falta de amor a su tierra. Se van por dignidad. Porque quedarse implica, muchas veces, aceptar el cambalache moral: callar para cobrar, obedecer para ascender, mirar para otro lado para no quedar afuera. Y no todos están dispuestos a eso.

Mientras tanto, el poder se rodea de burros con traje. Ministros sin formación real, funcionarios sin mérito, cuadros políticos sin ideas ni proyecto. Personas que no llegan por capacidad, sino por lealtad ciega. Y así, la mediocridad se vuelve política de Estado, donde conviven peronistas y transversales traidores que no les dobla la mano el color del billetín.

Cambalache lo dice sin rodeos: “El que no llora no mama y el que no afana es un gil”. En Formosa, el que no se arrodilla no progresa, y el que piensa demasiado queda afuera. El talento no suma; estorba. La honestidad no cotiza; molesta. La excelencia es peligrosa porque compara, y comparar desnuda la pobreza intelectual del poder.

Por eso, para Gildo y su modelo, siempre será mejor un burro de ministro de educación, que un gran profesor. El profesor pregunta. El burro asiente. El profesor forma ciudadanos. El burro fabrica dependientes y se rodea de soberbios que piensan que amenazar es más productivo y dar una orden es ser poderoso.

Y así, Formosa se vacía de futuro mientras se llena de cargos inútiles. Se vacía de jóvenes mientras se llena de militantes rentados. Se vacía de ideas mientras se llena de discursos gastados.

No es casualidad. Es un modelo. Un cambalache deliberado. Donde el mérito estorba, la ética incómoda y la ignorancia garantiza continuidad.

El problema no es que la gente se vaya. El verdadero drama es que el poder prefiera que se vayan los mejores para poder seguir gobernando con burros.

Porque donde manda la obediencia y no la inteligencia, el atraso no es una consecuencia: es un objetivo. Ya a esta altura de los acontecimientos, llora mi general, pero no podrá nunca pedirnos que no lo extrañemos. Viva Perón y Evita "carajo".

Autor: R.V.

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