lunes 23 de febrero de 2026

OPINIÓN

"Modernización laboral": el voto de la vergüenza

En una sesión atravesada por fuertes cuestionamientos, la Cámara de Diputados aprobó una reforma que, bajo el rótulo de “modernización”, redefine de manera profunda el esquema de derechos laborales y el sistema de protección sindical en la Argentina. Este artículo analiza el alcance político y social de una votación que ya genera amplio rechazo en distintos sectores del mundo del trabajo.
viernes 20 de febrero de 2026

Esta madrugada no se votó una “modernización”. Se votó, con nombre y apellido, una transferencia obscena de derechos desde los trabajadores hacia las empresas. Lo que la Cámara de Diputados aprobó no es una actualización técnica del régimen laboral: es la mayor demolición del modelo sindical y de protección del trabajo en décadas.

Los que levantaron la mano saben lo que hicieron.

Flexibilizaron la jornada con banco de horas y salario por productividad, licuando la lógica de las horas extras y dejando el tiempo de vida del trabajador a merced de la rentabilidad empresaria. Crearon un Fondo de Asistencia Laboral que desvía aportes del sistema previsional hacia instrumentos financieros para cubrir despidos, convirtiendo la indemnización en un producto de mercado y debilitando el financiamiento de la seguridad social.

Eliminan la ultraactividad de los convenios colectivos: si el acuerdo vence y no se renueva, el trabajador queda a la intemperie. Habilitan que el convenio por empresa prevalezca sobre el de rama, fragmentando la negociación y rompiendo la solidaridad sectorial. Amplían las actividades “esenciales”, restringiendo el derecho de huelga y cercenando la herramienta histórica de defensa colectiva.

Traspasan la Justicia Nacional del Trabajo a la órbita porteña, alterando un fuero con tradición protectoria. Derogan estatutos profesionales —entre ellos el del periodista— y eliminan la Ley de Teletrabajo, borrando de un plumazo derechos como la desconexión digital y la provisión de herramientas. Consolidan, además, que los trabajadores de plataformas no sean reconocidos como empleados, institucionalizando la precariedad.

No es casualidad. Es un programa. Es el rediseño integral de las relaciones laborales para que despedir sea más barato, negociar sea más débil y protestar sea más difícil.

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Quienes votaron a favor no pueden escudarse en la palabra “modernización”. Modernizar no es retroceder un siglo. Modernizar no es precarizar. Modernizar no es desfinanciar la seguridad social ni vaciar convenios colectivos.

Esta madrugada eligieron pararse del lado del ajuste sobre el trabajo. Y la historia —que siempre pasa factura— sabrá recordar quiénes fueron los que convalidaron la pérdida de derechos en nombre de una supuesta eficiencia. Porque cuando el poder acuerda arriba, el costo siempre lo paga el que trabaja abajo.