lunes 23 de febrero de 2026

Javier Milei sin límites

Religión y política: un altar convertido en un atril político

Opinión.
miércoles 09 de julio de 2025

Existe una vieja máxima popular que dice: “de política y religión no se habla”. No porque no deban debatirse, sino porque ambas tocan fibras tan sensibles que suelen dividir más de lo que unen. Pero cuando un presidente como Javier Milei decide asistir a un evento religioso en Resistencia, en la Iglesia Evangélica de Ledesma, junto al pastor internacional Guillermo Maldonado, la frase cobra un sentido más profundo y preocupante.

El acto, que debería haber sido espiritual, se transformó en un escenario cargado de discurso partidario, una tribuna donde el presidente aprovechó para atacar a la oposición con vehemencia, desdibujando los límites entre fe y proselitismo. Lo que podría haber sido una jornada de encuentro, reflexión y contención espiritual para muchos, terminó convirtiéndose en una muestra más del uso oportunista del poder político, incluso en los espacios más sagrados.

Política y religión saltaron la barrera de lo imposible y congeniaron perfectamente a pesar de un discurso cargado de odio y sectarismo y paradójicamente los caminos de la justicia social y la injusticia se dieron la mano… Que Horror!!!!

Las críticas no tardaron en llegar. Y no es para menos. Las religiones, más allá de credos y dogmas, comparten principios esenciales: el amor al prójimo, la solidaridad, la justicia social. Pero estos valores parecen estar en las antípodas de las políticas que defiende el actual gobierno nacional. Ajustes brutales, desmantelamiento del Estado, abandono de los sectores más vulnerables: nada de eso comulga con la idea de ayudar al que sufre o de tender la mano al necesitado.

El mensaje que dejó Milei fue contradictorio y desafortunado. Porque no solo se apropió de un espacio que no le pertenece –el púlpito religioso– sino que también intentó sacar rédito político de una situación profundamente humana. No es la primera vez que lo hace, pero sí una de las más evidentes. Y eso genera ruido, incomodidad e incluso dolor en aquellos que todavía creen que la fe debe ser un refugio, no una herramienta de manipulación.

Usar lo espiritual para fortalecer un relato político no solo es un acto de oportunismo: es una falta de respeto. Es una señal más de un gobierno que no entiende de límites, ni de formas, ni de sensibilidad social. En tiempos donde miles de argentinos atraviesan situaciones críticas, el mensaje debería ser otro. Más empatía, menos ego. Más compromiso social, menos show.

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Porque al final del día, el verdadero mensaje de cualquier religión sigue siendo uno solo: el amor al otro. Y hoy, lamentablemente, eso no se predica desde la Casa Rosada.

“La religión sin humanidad es una tragedia; la política sin compasión, una amenaza.”

Anónimo