Según consta en presentaciones judiciales, el padre biológico y su pareja aportaron testimonios, imágenes y alertas sobre posibles agresiones hacia el niño. Incluso, señalaron que Ángel expresaba su deseo de continuar viviendo con ellos. Nada de eso alcanzó para revertir la decisión. Cinco meses después, el desenlace fue trágico.

Los médicos iniciaron maniobras de reanimación y trabajaron durante horas para estabilizarlo. No lo lograron. Por la noche, el niño murió. Con el correr de las horas, el cuadro comenzó a despejarse. El informe preliminar de la autopsia reveló que Ángel presentaba lesiones internas en la cabeza compatibles con golpes. La conclusión de los investigadores fue contundente: el niño había sido víctima de una golpiza.

Al momento de su muerte, su madre no estaba en el hospital. Sí habían llegado su padre y la pareja de éste, quienes informaron a los médicos sobre antecedentes de violencia y aportaron fotografías que, según indicaron, evidenciaban agresiones previas.

La causa judicial avanzó en las últimas horas con allanamientos y medidas de prueba. Los investigadores analizan la responsabilidad de la madre y de su pareja, el padrastro del niño, quien quedó bajo sospecha. No se descartan detenciones inminentes.

El caso reabre interrogantes sobre los criterios judiciales en procesos de restitución y el rol de los organismos de protección de la niñez. Las advertencias existieron. Las denuncias también. Pero no alcanzaron para evitar un final irreversible.

Fuente: C5N