lunes 23 de febrero de 2026

OPINIÓN

Basura, Reciclaje o colapso: el dilema cotidiano

La basura no espera, el planeta tampoco
sábado 24 de mayo de 2025

La basura no espera. Se acumula. Se pudre. Se esparce. Cada día generamos toneladas de residuos como si el planeta tuviera capacidad infinita para absorber nuestro descarte. Y aunque el reciclado asome como una herramienta valiosa, no podemos engañarnos: el ritmo con que producimos basura supera con creces nuestra voluntad de reciclarla.

Hoy el mundo está en jaque. El consumo desenfrenado, impulsado por una lógica de usar y tirar, convierte cada objeto en basura en tiempo récord. El reciclado tropieza ante esta máquina de generar desechos que no se detiene.

Y lo más alarmante: muchos gobiernos aún se niegan a reconocer el cambio climático como una emergencia real. No creen, en el vínculo directo entre el calentamiento global y el manejo irresponsable de nuestros residuos. La voracidad de la industrialización al servicio de pensamientos capitalistas salvajes, que aducen que el cambio climático es producto de un desgaste natural del planeta por el paso del tiempo.

Un claro ejemplo de esto es nuestro presidente Javier Milei que en varias oportunidades ha dicho "A los que, por falta de pensamiento crítico, aceptaron la falacia del cambio climático, les digo que es mejor reconocer que fueron engañados a seguir insistiendo en el error".

La liberación de gases tóxicos, los humos de los basurales y la contaminación de suelos y aguas son parte de una cadena que está afectando nuestro clima, nuestras ciudades y nuestra salud. La naturaleza está desorientada. Y nosotros también.

En este contexto, el reciclado, aunque limitado, alivia. No resuelve, pero contiene. No revierte el daño, pero lo amortigua. Sirve, en especial, cuando se convierte en política pública sostenida y no en un gesto simbólico.

Un ejemplo concreto de ello se da en nuestra Ciudad de Formosa, donde la Municipalidad ha instalado una planta de tratamiento de residuos en pleno corazón del basural. Lejos de ser una decisión improvisada, responde a una gestión municipal centrada en el ser humano y en el cuidado del medio ambiente.

Esta planta cumple una doble función: social y ambiental. No solo ayuda a reducir el impacto de los residuos, sino que también ofrece una salida laboral digna para recicladores voluntarios, que encuentran en este espacio una forma de generar ingresos mientras contribuyen al bien común. Allí donde antes reinaba el abandono, hoy hay trabajo, dignidad y un propósito digno.

El intendente Jorge Jofré expresó: “Una gran cantidad de trabajo se realizará en esta planta en su parte operativa, pero una de las acciones más importantes y primeras es la separación de la basura en el origen, y para ello necesitamos el compromiso de todas y todos los vecinos”.

A esto se suman los emprendedores locales que, sin apoyo, con recursos propios y a base de esfuerzo, se convierten en actores fundamentales en esta lucha silenciosa. Separan, reciclan, reutilizan. Hacen del residuo un recurso. Donde otros ven basura, ellos ven oportunidad. Y aunque su trabajo no siempre es reconocido, son parte esencial del engranaje ambiental que podría salvarnos del colapso.

La solución no llegará solo desde arriba ni dependerá únicamente del ciudadano común. Se necesita una red articulada de voluntades: políticas, sociales, económicas y culturales. Porque si seguimos pensando que la basura es un problema que alguien más debe resolver, pronto estaremos enterrados en ella. El reciclaje no es la solución definitiva, pero es un alivio necesario. Un respiro en medio del humo.

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La basura que generamos no desaparece por arte de magia; se transforma en un reflejo de nuestras decisiones y prioridades. Cada envase descartado, cada residuo mal gestionado, es una huella que dejamos en el planeta. La responsabilidad es colectiva, pero el cambio comienza en cada uno de nosotros. Actuemos hoy para garantizar un mañana más limpio y sostenible.