lunes 23 de febrero de 2026

Buenos Aires, entre el desencanto y la fragmentación

Con récord de ausentismo, Buenos Aires mostró su desencanto político: LLA ganó sin arrasar, el PRO se desplomó y la oposición se reacomoda. Una ciudad fragmentada, harta y cada vez más distante de la política.
martes 20 de mayo de 2025

Por Marina Carabajal

Las elecciones legislativas 2025 en la Ciudad de Buenos Aires no fueron una elección más. Con un nivel de participación apenas superior al 53%, la cifra más baja desde el retorno de la democracia en elecciones locales, el ausentismo se erigió como el gran protagonista de una jornada que debería preocupar a todo el arco político. No se trató simplemente de una elección de medio término: fue un espejo incómodo del desencanto, la indiferencia o el hartazgo de una porción cada vez más amplia de la sociedad porteña con los políticos, con la política.

En este escenario de desafección democrática, La Libertad Avanza (LLA) se alzó con el primer lugar. Manuel Adorni, su candidato más mediático, logró el 30,1% de los votos. Sin embargo, lejos de ser una victoria arrasadora, su porcentaje revela una verdad incómoda: fue el más votado en una elección con más de un 45% de electores ausentes o votando en blanco/nulo. Adorni es, en términos reales, la opción de menos de un tercio de los porteños. Su liderazgo, por tanto, se apoya más en la debilidad de sus competidores que en una adhesión masiva.

Ese dato cobra más fuerza si se tiene en cuenta la manera en que LLA encaró la campaña: apelando al terreno de la guerra sucia y la desinformación. Videos falsos generados con inteligencia artificial que simulan a figuras del PRO retirándose de la política son una muestra alarmante del deterioro del debate público. La estrategia fue clara: confundir, embarrar, erosionar a los rivales. Que haya surtido efecto no es mérito; es síntoma.

En contraste, Leandro Santoro (Unión por la Patria) logró consolidarse como la principal fuerza opositora con un 27,4% de los votos. Su campaña, centrada en un discurso más moderado y de tono institucional, le permitió captar tanto a votantes progresistas como a sectores de centro que buscan un contrapeso a los extremos. No ganó, pero logró un resultado robusto en un territorio adverso, territorio históricamente antiperonista y con ello se reposiciona de cara al futuro político nacional.

La gran derrota de esa jornada comicial fue para el PRO, que por primera vez en dos décadas quedó desplazado a un tercer plano en CABA. El 15,9% obtenido por Silvia Lospennato expone el ocaso de un espacio que supo dominar la ciudad pero que hoy no logra encontrar rumbo ni liderazgos renovados. El macrismo, otrora hegemónico, parece haber sido devorado, fagocitado por el monstruo que ayudó a crear, el ahora reconocido "grupo de loquitos que nos gobierna", a decir del propio Mauricio Macri.

Por otra parte, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FIT-U), con Vanina Biasi como candidata, mantuvo una base militante firme, superando el 4%. En un contexto de polarización y voto útil, sostener ese piso es una muestra de coherencia ideológica y resistencia.

El mapa porteño de hoy es el de una ciudad políticamente rota, donde el voto se dispersa, las identidades partidarias tradicionales se erosionan, y la apatía gana terreno. El futuro dependerá, en buena medida, de si los actores políticos son capaces de reconstruir la confianza ciudadana, abandonar la lógica de la destrucción del adversario y volver a conectar con los problemas reales de una sociedad que, cada vez más, opta por mirar hacia otro lado. Largo y tortuoso camino rumbo a octubre.

Buenos Aires, entre el desencanto y la fragmentación