sábado 11 de abril de 2026

OPINIÓN

Fe, poder y candidatura: el nuevo negocio de la política religiosa en Formosa

La disputa entre sectores católicos,  evangélicos y ere erea ya no es teológica. 
sábado 11 de abril de 2026

Es política. Y, más precisamente, es una disputa por influencia, recursos y posicionamiento electoral. Durante décadas, el esquema fue claro: sectores del catolicismo institucional, con figuras como Conejero Gallego en retirada, consolidaron una relación estrecha  y vidriosa con el Modelo Formoseño. Colegios subvencionados, presencia en ámbitos educativos, vínculos muy delicados con el poder político. Un sistema de beneficios que no se explicaba solo por la fe, sino por una convivencia estratégica con el gobierno Formoseño.

Pero ese esquema empezó a cambiar. Hoy, el evangelismo organizado ya no se conforma con el rol espiritual. Avanza. Se posiciona. Y lo hace con una lógica que ya no es únicamente religiosa, sino abiertamente política. Ahí aparece con claridad la figura de Leiva.

El pastor Ramón Leiva es una figura  en la comunidad evangélica de la provincia de Formosa. Se desempeña como el pastor principal y fundador del Centro Familiar Cristiano. Es identificado como presidente de la Federación de Iglesias Evangélicas de Formosa. En junio de 2023, recibió documentación de personería jurídica para iglesias evangélicas de manos del gobernador de la provincia de Formosa en su calidad de presidente de la federación. En ocasiones se refiere a sí mismo o es reconocido con el título de apóstol.

Ramón Leiva aflora No por lo que declara, sino por lo que hace. Procesiones hacia la Legislatura, oraciones frente a la Casa de Gobierno, presencia constante en espacios institucionales o actos siempre donde lo pueda ver el gobernador, arreando hermanos de su congregación.

No son hechos aislados ni expresiones espontáneas: son acciones sistemáticas de visibilización pública, de construcción de poder simbólico y de acumulación de capital político.

En política, los gestos importan. Y estos gestos dicen mucho. Para Gildo lo son todo. Porque cuando un dirigente religioso organiza movilizaciones hacia los centros de poder, cuando busca la foto, el reconocimiento o la validación del gobernador Gildo Insfrán, el mensaje deja de ser espiritual. Pasa a ser político. Y entonces la pregunta ya no es incómoda: es inevitable. ¿Se está construyendo un liderazgo religioso… o una plataforma política?

No hace falta una candidatura formal anunciada para entender la dirección de los movimientos de Leiva en la era pos Martearena, tradicional caudillo evangélico que ya no está. En la política real, las candidaturas se construyen mucho antes de oficializarse. Se construyen en la calle, en la visibilidad, en la capacidad de movilizar gente, en el reconocimiento del poder. Y en ese terreno, Leiva juega.

Lo preocupante no es que un creyente tenga aspiraciones políticas, eso es legítimo. Lo preocupante es la confusión de roles. La mezcla entre conducción espiritual y construcción de poder político. El uso de la fe como herramienta de posicionamiento.

Porque ahí aparece el verdadero riesgo: los fieles dejan de ser comunidad y pasan a ser base. Base de movilización.  Base de legitimación.  Base electoral potencial. Que no es desconocido para la derecha de Milei, cuando ya tiene 15 diputados nacionales de la congregación y va creciendo, a costa de diezmo, plata y poder.

Mientras tanto, el poder político observa y administra. No necesita confrontar. Solo necesita equilibrar: ayer con el catolicismo, hoy abriendo la puerta al evangelismo. Siempre garantizando lo mismo: gobernabilidad a cambio de reconocimiento. Así funciona el sistema. Lo que está en juego no es religión.  Es poder. Y cuando la fe entra en esa lógica, pierde su esencia. Desde el Peronismo Formoseño creen que pueden domesticar a las derechas evangélicas, manejar a los operadores históricos y controlar la narrativa interna.

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Pero la política profunda no funciona así. Porque ya no se trata de guiar conciencias, sino de contarlas como voto a favor y eso cuenta para una banca religiosa en los entes legislativos o judiciales, no importa cual sea. 

Si hay que gritar viva Perón y Evita, no les  importa, porque cuando la limosna es grande, al caballo regalado, no se le pincha el globo o algo así. Por mí, viva Perón "carajo" y para vos amén hermano.

Autor: Roberto Verdún