OPINIÓN
La última palabra: ¿Gildo hasta 2031 o el principio del fin?
Hay decisiones judiciales que modifican una candidatura.
Y hay decisiones judiciales que pueden modificar la historia política de una provincia.
Lo que acaba de hacer la Corte Suprema de Justicia de la Nación con la nueva cláusula transitoria de la Constitución de Formosa pertenece claramente a la segunda categoría.
La Corte decidió asumir competencia originaria en el planteo contra la disposición que establece que el mandato que actualmente ejerce Gildo Insfrán debe computarse como su primer período.
La consecuencia es evidente: si esa cláusula sobrevive al examen constitucional, Insfrán podrá presentarse nuevamente en 2027.
No serían automáticamente ocho años más de Gildo.
Serían, en principio, cuatro.
La nueva Constitución establece que gobernador y vicegobernador pueden ser reelegidos por un solo período consecutivo. Y la cláusula transitoria dice que el actual mandato cuenta como el primero. Por lo tanto, una eventual victoria en 2027 significaría un período 2027-2031 y, bajo esa interpretación, el último consecutivo.
ESCENARIO UNO: LA CORTE DICE QUE SÍ
Si la Corte considera constitucional la cláusula transitoria, Gildo Insfrán queda habilitado para buscar nuevamente la Gobernación en 2027.
Después vendrá la elección.
Y si la gana, seguirá gobernando hasta diciembre de 2031.
Ahí aparecerá una curiosidad histórica: la provincia habría pasado de discutir la posibilidad de la reelección indefinida a discutir cómo termina una era de gobierno que, por entonces, habrá atravesado casi cuatro décadas.
Porque la cláusula puede ponerle un límite jurídico a la reelección.
Pero no necesariamente le pone un límite político al modelo.
ESCENARIO DOS: LA CORTE DICE QUE NO
Este es el escenario que podría producir el verdadero problema político.
Si la Corte declara inconstitucional la cláusula transitoria cuarta en cuanto habilita a Insfrán a presentarse nuevamente, el gobernador podría terminar su mandato actual el 10 de diciembre de 2027, pero no podría ser candidato a gobernador para el período 2027-2031.
ESCENARIO TRES: «NO PUEDO, PERO IGUAL VOY»
Este es el escenario más delicado.
Supongamos que la Corte dice que Insfrán no puede ser candidato.
Y supongamos que, pese a eso, el oficialismo intenta inscribirlo.
Entonces ya no estaríamos discutiendo una simple candidatura.
Estaríamos ante una cuestión de cumplimiento de una sentencia de la Corte Suprema y de respeto al orden constitucional.
Si existe una sentencia firme que determina que una persona no puede ser candidata, el problema deja de ser «Gildo quiere ser candidato».
La soberanía popular es fundamental.
Pero la República no funciona bajo el principio de que «si me votan, puedo hacer cualquier cosa».
La democracia necesita elecciones.
La República necesita reglas.
Y ambas cosas deben convivir.
EL VERDADERO PROBLEMA NO ES GILDO
Tal vez esta sea la pregunta más incómoda de todas.
Durante años, Formosa discutió sobre Gildo Insfrán.
Su candidatura.
Su permanencia.
Su modelo.
Su liderazgo.
Su sucesión.
Su reelección.
Pero pocas veces discutió seriamente qué viene después.
Y eso es precisamente lo que podría comenzar a discutirse ahora.
Porque si la Corte habilita la candidatura, el oficialismo tendrá 2027 para intentar ganar nuevamente con su conductor histórico.
Pero si la Corte la bloquea, la política formoseña tendrá que hacer algo que durante décadas pareció innecesario:
buscar un nombre que no sea Gildo.
Un proyecto político sólido debería poder sobrevivir a su fundador, a su conductor y hasta a su principal candidato.
Si necesita indefectiblemente de la misma persona para continuar existiendo, entonces quizás no estamos hablando de un modelo.
Quizás estamos hablando de una estructura construida alrededor de un liderazgo.
Y AHORA, LA PREGUNTA QUE QUEDA
La Corte no está decidiendo solamente si un hombre puede volver a aparecer en una boleta.
Está decidiendo algo mucho más profundo:
hasta dónde puede llegar una provincia en la interpretación de sus propias reglas constitucionales cuando esas reglas pueden producir una nueva permanencia en el poder.
El fallo de 2024 puso un límite a la reelección indefinida. La Convención Constituyente de 2025 estableció un nuevo régimen y creó la cláusula transitoria que ahora vuelve a estar bajo la lupa del máximo tribunal.
O en el último capítulo de una época que todavía pretende escribir cuatro páginas más.
Si la Corte dice que sí, Gildo tendrá la posibilidad de intentar llegar a 2031.
Si dice que no, comenzará la carrera por la sucesión.
Y si dice que no y, aun así, alguien pretende convertir el «no» judicial en un «sí» electoral, entonces Formosa ya no tendrá solamente una elección complicada.
Tendrá un problema institucional.
Pero hay una discusión que debería tener una respuesta bastante más sencilla:
¿Se cumplen o no se cumplen las decisiones de la Corte Suprema?
Y quizás esa sea, finalmente, la verdadera elección que Formosa tendrá que hacer en 2027.
No solamente entre candidatos.
Sino entre la continuidad de una persona y la capacidad de una provincia para demostrar que puede funcionar políticamente cuando esa persona ya no esté en la boleta.
Sin juzgar, conociendo a los herederos de «Pilatos» de la Corte Suprema de Justicia de la Nacion, muy probablemente la desición sea dejada en manos del pueblo.
Indudablemente cualquiera sea la resolución, este es el mejor momento para Gildo. Adentro o afuera Gildo no es cualquier candidato y con espalda política, más la estructura partidaria, puede conservar el poder, aún sin ser el gobernador. Ejemplos de otras provincias y a lo largo y ancho hay miles.
Que el cuerpo y la mente aguanten es otra historia. Con Gildo es una jugada, sin Gildo es otra y con Gildo modo «fantasma» es otra música.
Tampoco sería nada nuevo, en política todo es posible, aún desde el mas allá.
Autor: Roberto Verdún