OPINIÓN
Civilización y violencia: la paradoja de nuestro tiempo
Hay algo profundamente desconcertante en la historia humana, cuanto más avanzamos en conocimiento, más sofisticadas se vuelven también nuestras formas de destruirnos.
La humanidad logró descifrar el genoma, enviar sondas más allá del sistema solar y construir máquinas capaces de procesar millones de datos por segundo. Sin embargo, frente a los conflictos, seguimos recurriendo al mismo argumento primitivo la violencia.
La nueva guerra que Estados Unidos e Israel, provocan contra Irán no es solamente un episodio geopolítico. Es también un recordatorio de que el progreso material e intelectual de la humanidad, no necesariamente implica una evolución ética. Los tiempos cambian, los discursos de odio se multiplican, pero la lógica sigue siendo la misma, imponer su voluntad mediante la fuerza.
La guerra, en ese sentido, funciona como un espejo oscuro de la civilización. Allí se revela la distancia entre lo que la humanidad dice ser y lo que realmente es capaz de hacer. Bajo consignas heroicas, se perciben intereses económicos, territoriales o geopolíticos que, aunque menos visibles, resultan decisivos.
La excusa aparece envuelta en palabras nobles, libertad, seguridad, justicia, liberación. Los imperios modernos ya no hablan de dominio; hablan de protección. Ya no invaden; intervienen. Ya no conquistan; estabilizan.
Sin embargo, detrás de esa retórica cuidadosamente construida suele esconderse un viejo motor histórico: la disputa por poder, recursos naturales y control estratégico.
Nuestro presidente Javier Milei pronunció una frase que desnudó su clara alineación con las potencias más beligerantes del mundo, “vamos a ganar la guerra”. La expresión posee una decisión unilateral sin importar la opinión de un pueblo pacifico que brega siempre por la PAZ. Sin embargo, la frase sugiere una identificación entusiasta con una contienda que ocurre a miles de kilómetros.
Los argentinos enfrentamos dificultadas inmediatas que requieren decisiones mas humanitarias de un gobierno Nacional que abandono los principios básicos de una Democracia.
La reacción del mundo frente a los conflictos armados resulta tan inquietante como la guerra misma. Las condenas diplomáticas suelen ser tímidas, los llamados a la paz breves y las protestas internacionales rápidamente absorbidas por el ritmo vertiginoso de la Realidad.
En este clima de resignación colectiva, la guerra deja de ser una tragedia para convertirse en una rutina del orden mundial. Y cuando la violencia se vuelve costumbre, la humanidad corre el riesgo de olvidar que la paz no es una utopía, sino la condición mínima para que la civilización tenga sentido.
Quizás por eso sigue resonando con tanta fuerza la advertencia de Albert Einstein: “No sé con qué armas se peleará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta se peleará con palos y piedras.”
Autor: Galo Arindo Trinidad