jueves 18 de junio de 2026

HUELLAS PROFUNDAS

Padre Ángel Tettamanzi: el hombre que eligió quedarse para siempre en Güemes

La localidad recuerda al padre Ángel Tettamanzi, el sacerdote salesiano que hizo de la comunidad su hogar y dejó una huella imborrable con su entrega y compromiso social.
jueves 18 de junio de 2026

Cada pueblo tiene nombres que figuran en los documentos y otros que quedan grabados en el corazón de su gente. En Villa General Güemes, al celebrarse un nuevo aniversario de su fundación, uno de esos nombres inevitables es el del padre Ángel Tettamanzi, el sacerdote que llegó como misionero y terminó convirtiéndose en parte de la identidad misma de la comunidad.

Hablar de Güemes es hablar de sus calles, de su historia, de sus luchas y de su gente. Y en esa memoria colectiva aparece, una y otra vez, la figura sencilla de aquel cura salesiano que eligió caminar junto al pueblo, compartir sus alegrías y cargar también sus dolores.

Tettamanzi no fue un sacerdote de escritorio ni de ceremonias ocasionales. Fue un hombre de presencia constante. Estuvo donde había una necesidad, una preocupación o un sueño por concretar.

Construyó capillas, fortaleció la parroquia, impulsó espacios para jóvenes, promovió el deporte, acompañó a las familias más humildes y llevó adelante proyectos que trascendieron largamente el ámbito religioso.

Su obra más profunda, sin embargo, no se mide en ladrillos ni en edificios. Se mide en vidas transformadas. En generaciones de niños que encontraron contención. En jóvenes que descubrieron oportunidades. En familias que recibieron una palabra de aliento cuando más la necesitaban.

La creación de Radio Sol fue una muestra de esa visión. Comprendió que comunicar también era servir. Que una radio podía unir parajes distantes, acercar voces olvidadas y fortalecer el sentido de pertenencia de una región inmensa donde muchas veces el aislamiento parecía una condena.

Pero quizás donde más se reveló su compromiso fue en su defensa de las causas populares. Cuando creyó que algo perjudicaba a la comunidad, habló. Cuando entendió que los intereses de unos pocos amenazaban el bienestar de muchos, se puso del lado del pueblo. Lo hizo sin estridencias, pero con una firmeza que nacía de sus convicciones.

Por eso el afecto que Güemes le profesa no es el homenaje protocolar que suele reservarse a las figuras públicas. Es un cariño genuino, construido durante décadas de convivencia y entrega. Es el reconocimiento a alguien que nunca se sintió superior a los demás y que eligió compartir la vida cotidiana de la comunidad.

Padre Ángel Tettamanzi: el hombre que eligió quedarse para siempre en Güemes