lunes 25 de mayo de 2026

OPINIÓN PÚBLICA

“Las palabras no solo describen la realidad: también la construyen”

Especialista analizó cómo el discurso de odio transforma el debate político y erosiona la convivencia democrática
lunes 25 de mayo de 2026

En una entrevista realizada en el programa "Formosa Mi Ciudad" de FM Espacios 92.5, Gonzalo Taboada, director de la consultora política MATE, reflexionó sobre el crecimiento de los discursos de odio en la política argentina y advirtió sobre los riesgos de convertir al adversario en un enemigo al que se busca excluir del juego democrático. Para el analista, el problema aparece cuando el debate deja de centrarse en ideas y comienza a dirigirse contra las personas.

“El conflicto es parte natural de la democracia. El problema aparece cuando se deja de discutir ideas y se empieza a descalificar personas”, aseguró Taboada. Desde MATE desarrollaron un estudio para analizar cómo se construyen estos discursos y qué impacto generan en la opinión pública a partir de la escalada de agresividad verbal que atraviesa hoy el escenario político.

Según explicó, el trabajo comenzó a partir de los discursos presidenciales pronunciados durante la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso Nacional. “Observamos un tono revanchista, más cercano a la pelea que al debate político. Ahí empezamos a investigar las diferencias entre el agonismo y el antagonismo”, indicó el consultor al explicar el origen de la investigación.

Taboada señaló que el “agonismo” es una forma legítima de confrontación democrática, donde existe discusión, tensión y diferencias, pero siempre reconociendo al otro como un actor válido dentro del sistema político. “El adversario es alguien con quien se compite, pero al que se le reconoce legitimidad”, afirmó, destacando que el conflicto político es inherente a cualquier democracia sana y necesaria para canalizar intereses contrapuestos.

 
 
 
 
 
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En cambio, manifestó que el “antagonismo” aparece cuando esa lógica se rompe y el otro deja de ser visto como un adversario para transformarse en un enemigo al que se busca anular. “Ya no se debate una idea o una propuesta. Se intenta descalificar al otro hasta expulsarlo simbólicamente del espacio democrático”, declaró.

Durante la charla, Taboada recordó que el conflicto siempre estuvo presente en la vida política y que, de hecho, la democracia nació como una forma de resolver diferencias sin recurrir a la violencia. “Antes los conflictos se resolvían con guerras. Los griegos entendieron que podían canalizar esas disputas a través de la política y la participación ciudadana”, dijo al remarcar que la confrontación de ideas no es un problema en sí mismo.

Por eso, sostuvo que el verdadero desafío pasa por cómo se expresan esas diferencias dentro del espacio público. Para el especialista, las sociedades democráticas necesitan debates intensos y posiciones contrapuestas, pero dentro de ciertos límites que permitan preservar la convivencia y el reconocimiento mutuo entre quienes piensan distinto.

El estudio realizado por la consultora identificó además tres elementos centrales que permiten detectar cuándo una crítica política cruza el límite y se transforma en discurso de odio. El primero es la forma en que se nombra al adversario político y los términos que se utilizan para describirlo frente a la sociedad.

“No es lo mismo decir ‘el gobernador con cuyas políticas discrepamos’ que llamarlo ‘tirano’ o ‘jefe de una mafia’. Las palabras anticipan el terreno en el que estamos discutiendo”, señaló Taboada. Asimismo recalcó, cuando el lenguaje se vuelve despectivo y busca degradar al otro, el debate deja de centrarse en propuestas y pasa a atacar identidades.

El segundo elemento identificado es la deshumanización, es decir, cuando el adversario deja de ser tratado como una persona con ideas distintas y pasa a ser reducido a categorías criminales, patológicas o infrahumanas.

“Se habla del otro como ‘mafioso’, ‘ladrón’, ‘desquiciado’, ‘dictador’ o ‘cavernícola’. Ya no se cuestiona una gestión: se intenta degradar a la persona”.

El tercer aspecto analizado por MATE es el concepto de “performatividad”, tomado de la filosofía del lenguaje. “Hay palabras que no solo describen una realidad, sino que producen efectos concretos sobre ella”, agregó Taboada, remarcando que determinados discursos pueden habilitar acciones o legitimar comportamientos políticos y sociales.

Como ejemplo, mencionó que pedir la intervención federal de una provincia no es simplemente una opinión política, sino la invocación de un mecanismo institucional que afecta directamente la autonomía provincial. “Las palabras pueden habilitar acciones, legitimar exclusiones o estimular conductas. Por eso no son inocentes”, advirtió.

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Durante la charla también se abordó el rol de las redes sociales en la expansión de estos discursos. Los conductores señalaron cómo muchas veces las agresiones verbales terminan trasladándose a la vida cotidiana y generan un clima social cada vez más hostil entre personas que piensan diferente.

Para Taboada, las plataformas digitales amplifican esa dinámica porque favorecen la polarización y la circulación rápida de mensajes emocionales o violentos. “El problema aparece cuando el insulto reemplaza al argumento y la agresión se vuelve la forma habitual de relacionarse con quien piensa distinto”, apuntó.

Para cerrar, el director de MATE destacó la necesidad de reconstruir espacios de discusión política donde prevalezcan los argumentos y no las descalificaciones personales. “Entender la diferencia entre confrontar ideas y promover odio es clave para sostener una convivencia democrática saludable”, concluyó.