lunes 23 de febrero de 2026

No es reforma, es retroceso

Cuando el trabajador pierde, los únicos que ganan son los de arriba.
miércoles 12 de noviembre de 2025

Otra vez, el viejo cuento del “modernizar el trabajo”. Detrás del discurso elegante de la “libertad” y la “eficiencia”, el gobierno de Milei avanza con una reforma laboral que no tiene nada de nueva: es el mismo proyecto que las derechas repiten hace décadas para recortar derechos, debilitar sindicatos y dejar al trabajador solo frente al poder del patrón.
Nos quieren hacer creer que los derechos laborales son privilegios o trabas para el crecimiento. Pero cada uno de esos derechos —vacaciones pagas, indemnización, aguinaldo, convenios colectivos— fue conquistado con lucha, con huelgas, con organización. No fueron regalos del Estado ni concesiones empresariales: fueron logros del pueblo trabajador que entendió que sin unión no hay justicia.
La reforma busca exactamente lo contrario: desarmar esa fuerza colectiva. Cuando te dicen que vas a poder “negociar individualmente” tus condiciones, lo que en realidad quieren decir es que vas a negociar solo, sin respaldo, con miedo a perder el laburo. No hay libertad en eso. Hay subordinación.
La historia argentina demuestra que cuando el trabajo se precariza, la riqueza no “chorrea” hacia abajo: se concentra arriba. Y mientras los CEOs celebran la “flexibilización”, los laburantes ven cómo se les escapa el sueldo en una economía donde cada día vale menos el esfuerzo y más la especulación.
No se trata de resistirse al cambio, sino de defender lo esencial: el derecho a trabajar con dignidad. Las derechas quieren un país donde el trabajador agradezca que lo exploten, donde el sindicato sea mala palabra, donde el patrón no tenga límites. Por eso esta reforma no es técnica ni inevitable: es ideológica.
Abramos los ojos. Nos quieren convencer de que el enemigo es el que reclama, no el que se lleva todo. Si dejamos que destruyan nuestros derechos, después será demasiado tarde para recuperarlos.