lunes 23 de febrero de 2026

Opinión

“Tobillera para uno… o para todos: el peronismo que se suelta la mano”

La escena política argentina ha entrado en una etapa de autopsia ideológica.
domingo 02 de noviembre de 2025

El peronismo, ese movimiento que supo proclamarse columna vertebral de la patria, hoy aparece fragmentado, silencioso y en retirada. La derrota de hace una semana del PJ nacional no es solo electoral: es simbólica, cultural y moral. Y ese derrumbe tiene nombres propios. Cristina Fernández de Kirchner: la jefa sin ejército y con tobillera electrónica a compartir.

Cristina ya no conduce; administra restos y un baile patético desde un balcón que de seguir así solo servirá para juntar lágrimas cuan canaleta rota. La figura que supo tener la lapicera hoy preside un espacio donde cada dirigente corre a salvarse con su propia “tobillera discursiva”, marcando distancia, negando lealtades, recalculando alianzas como quien busca señal en un terreno político desolado. Su silencio no es estrategia: es confesión.

Gildo Insfrán: ya no garantiza poder nacional. Pero, como buen piloto de tormentas, sabe hacer de cualquier tornado una lluvia con viento a favor y sino habrá que mirar cuánto poder rasca el delfín gildista del senado, para encabezar una lista con vistas a ser candidato PJ 2027.

Durante décadas Gildo, fue la caja, la estructura y el voto seguro para el PJ nacional. Hoy, ni su eterno control territorial ni su aparato pueden ofrecer lo que el kirchnerismo necesita: legitimidad. Insfrán sigue gobernando Formosa como un señor medieval, pero ya no es consultado en la mesa grande. Está, pero no pesa.

Kicillof quedó atrapado entre la obediencia a Cristina y la supervivencia política propia. Buenos Aires lo tolera, pero no lo abraza. El peronismo bonaerense lo considera un “huésped técnico” que jamás logró meter la pata en el barro del conurbano y menos con Máximo medridio cerca.

Los aliados menores del poder feudal formoseño, los “transversales” acomodaticios, ahora mutan sin pudor, sobre todos los del partido que alguna vez salvo la bandera de remate y hoy el karma le regresa para casi desaparecer. Algunos ya hablan de “constructores del consenso federal”, otros de “nuevo contrato social”.

La palabra mágica es una: despegarse. Quien ayer se fotografiaba orgulloso con Insfrán hoy calla o mira hacia la Casa Rosada con súplica de absolución y perdón, obvio, esperando la diáspora de intendentes que ven luz al final del camino.

La derrota del PJ nacional marca un quiebre histórico: el peronismo ya no es el partido del poder, sino el partido en busca de poder. Y cuando el poder se va, la lealtad se vuelve tobillera electrónica: se activa cuando alguien cae en desgracia y todos los demás comienzan a correr para que el sonido no los delate como cómplices. Hoy, el peronismo no le suelta la mano a un dirigente. Se la suelta a su propio pasado.

Y mientras tanto, Cristina mira el tablero, Insfrán defiende su quintita de algodón y algo de sandía tempranera, Kicillof busca identidad, y los transversales formoseños tantean el nuevo amo, siendo que el PJ tiene el enemigo adentro de la administración propia en Formosa.

En el país del péndulo, la tobillera ya no es para uno: es para todos los que alguna vez creyeron que el poder era eterno. Mientras el peronismo de los No Peronistas o de los Salieri de Charly, que serían los mismos, intenta explicar su derrota con discursos épicos, la realidad económica es implacable.

En los últimos 20 años, 16 estuvieron gobernados por el PJ o sus aliados. El resultado es demoledor: La inflación acumulada desde 2003 supera el 15.000%. Más del 52% de los niños argentinos son pobres. El salario real cayó a niveles de 2004, borrando de un plumazo dos décadas de “modelo productivo”.

El peso argentino se devaluó más de 500 veces frente al dólar en la era K. La Argentina expulsó 1 millón de jóvenes al exterior en los últimos años, el éxodo más grande desde la crisis del 2001.

Y el dato que quiebra cualquier relato: la última vez que un trabajador argentino pudo comprar con su sueldo promedio más de 300 dólares mensuales fue en 2013, en pleno gobierno de Cristina. Hoy, ese mismo sueldo apenas alcanza los 180 dólares. Sin entrar en el 82% móvil de humo de los jubilados a los 64% reales de bolsillo que les alcanza para diez días del mes, sino compran remedios.

El peronismo no perdió solo una elección: perdió la narrativa económica que lo sostenía. Pasó de prometer justicia social a administrar decadencia. Y cuando el bolsillo habló, el pueblo dejó de escuchar consignas. En Argentina ya no gobierna el que tiene poder político, sino el que logra domar la inflación. Y ese trono, por ahora, el peronismo ni siquiera puede mirar de lejos.

Y como siempre solo podemos idealizar al antiguo PJ, de las estampitas porque ya nadie sabe quién se come a quién, dentro del PJ o PK, aun así "viva Perón carajo" o hasta la victoria compañero.

AUTOR: R.V.

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