lunes 23 de febrero de 2026

ELECCIONES 2025

Los pueblos también se equivocan

El resultado electoral dejó al descubierto una herida profunda: la bronca se vistió de esperanza y el desencanto eligió venganza. Pero los pueblos, como el argentino, tropiezan y aprenden. Porque aunque hoy duela, la historia enseña que siempre vuelven a levantarse.
jueves 30 de octubre de 2025

Dicen que los pueblos nunca se equivocan.

Lo repiten los que quieren creer que la mayoría siempre tiene razón.

Pero los pueblos —esa multitud que trabaja, que sueña, que también se cansa— a veces se equivocan.

Y cuando el hartazgo se disfraza de esperanza, cuando la bronca se confunde con justicia, también el pueblo puede perder el rumbo.

El error no es sólo político: es espiritual.

Sucede cuando la decepción se vuelve brújula, cuando el dolor se transforma en venganza, cuando el miedo se disfraza de cambio.

Entonces, el pueblo deja de elegir a quien lo defiende, y se entrega a quien lo usa.

Busca en el que promete arrasar con todo un alivio rápido, una catarsis que le permita no mirar lo que duele.

El domingo pasado fue un espejo.

El voto expresó una furia legítima, pero también una confusión profunda.

Muchos castigaron al peronismo por no haber estado a la altura de sus sueños, pero lo hicieron entregando su confianza a quienes nunca creyeron en ellos.

A los que desprecian la justicia social, a los que confunden libertad con abandono, a los que llaman privilegio a cada derecho conquistado por el pueblo.

No hay error más hondo que amar al que te desprecia.

Pero ocurre, porque el odio promete redención.

Convierte la frustración en causa y el resentimiento en bandera.

El líder que se burla del pobre, que niega la historia, que quiere borrar a Perón y a Evita de la memoria popular, aparece —por un tiempo— como el vengador del desencanto.

Promete limpiar el pasado, aunque también incendie el futuro.

Decir que los pueblos nunca se equivocan es negarles su humanidad.

Los pueblos sangran, tropiezan, aprenden.

Y el nuestro, el pueblo argentino, siempre aprendió.

Después de las dictaduras, de los saqueos neoliberales, de los gobiernos que quisieron disciplinarlo a golpes de mercado.

Siempre volvió a levantarse.

Porque la memoria peronista es terca, porque el amor vence al odio, porque cada vez que el pueblo tocó fondo, el peronismo volvió a ser su herramienta de dignidad.

Hoy duele, pero no es el final.

Es apenas una estación en el largo viaje de un pueblo que no se rinde.

Porque si algo enseñó Perón, es que la única derrota verdadera es la que se acepta.

Y si algo dejó Evita, es que el amor por los humildes siempre vuelve.

Entonces sí: el pueblo volverá a levantarse.

No porque nunca se haya equivocado,

sino porque una vez más entenderá por qué lo hizo —y recordará quién estuvo siempre de su lado.