lunes 23 de febrero de 2026

La trampa de la estadística: Milei, la pobreza y la Argentina que no se ve

Los últimos datos del INDEC anuncian una baja en la pobreza, sin embargo, la realidad cotidiana de millones de argentinos y argentinas desmiente esa aparente mejoría.
martes 01 de abril de 2025

Los últimos datos del INDEC anuncian una baja en la pobreza, ubicándola en un 38,9% para el tercer trimestre de 2024. Sin embargo, la realidad cotidiana de millones de argentinos y argentinas desmiente esa aparente mejoría y deja en evidencia el cinismo de un gobierno que manipula cifras mientras profundiza la miseria.

Mientras el gobierno de Javier Milei celebra números fríos que no reflejan el sufrimiento de las mayorías populares, las calles de Buenos Aires exhiben un paisaje de pobreza extrema, con familias enteras viviendo en la intemperie, despidos masivos y una angustia social creciente. Al mismo tiempo, la burda campaña libertaria sobre el "olor a pis" en la ciudad no es más que un operativo de distracción diseñado para deshumanizar a quienes fueron empujados a la marginalidad por las propias políticas de ajuste feroz.

El desmantelamiento del Estado no es un efecto colateral: es el objetivo central de un plan sistemático para entregar el país a los grandes grupos económicos. La doctrina del anarcocapitalismo salvaje que Milei impone sin disimulo convirtió a la Argentina en un laboratorio de expoliación. Despidos masivos, recortes brutales en programas sociales y la paralización de la investigación científica no son "daños colaterales", sino la consecuencia directa de una ideología que solo beneficia a los sectores más privilegiados mientras arrasa con los derechos del pueblo trabajador.

Desde una mirada feminista y del campo nacional y popular, la situación es aún más alarmante. Las mujeres, que somos quienes sostenemos la economía del cuidado y el sector informal, somos las primeras en ser sacrificadas en este esquema de depredación. Con la eliminación de programas de asistencia y la falta de políticas de contención, muchas fueron condenadas a la indigencia, sobrecargadas de trabajo no remunerado y sometidas a una creciente violencia económica que las empuja al abismo.

Las personas mayores tampoco escapan a esta maquinaria de crueldad. Con jubilaciones de miseria, deben elegir entre pagar los servicios, el alquiler o comer. Y cuando intentan reclamar lo que les corresponde, son recibidos con gases lacrimógenos y represión por un gobierno que los desprecia. El derecho a una vejez digna fue eliminado junto con otras tantas conquistas sociales, en un país donde la brutalidad se ha convertido en política de Estado.

El gobierno de Milei no busca estabilizar la economía: busca doblegar al pueblo, reducirlo a la desesperación y someterlo a los dictados del capital financiero. Pero la resistencia crece. Movimientos sociales y feministas, sindicatos y partidos politicos no se resignan a la miseria planificada y ya se organizan para enfrentar la barbarie libertaria. La historia ha demostrado que los pueblos no se rinden, y la Argentina no será la excepción.

Mientras tanto, el mundo observa con preocupación. Distintos análisis internacionales advierten que la democracia argentina se encuentra en una peligrosa zona de debilidad, con un Ejecutivo que avanza en la concentración del poder y socava las instituciones republicanas. La deriva autoritaria del gobierno, su desprecio por el diálogo democrático y el ataque sistemático a la prensa crítica son señales inequívocas de un régimen que camina aceleradamente hacia la autocracia. El pueblo argentino, que tantas veces resistió el atropello, tiene por delante una nueva lucha: defender la democracia antes de que sea demasiado tarde.

Temas de esta nota