lunes 23 de febrero de 2026

LUCHA PERSISTENTE

Violencia política contra las mujeres: el pacto patriarcal que se resiste a morir

lunes 10 de marzo de 2025

Por Marina Carabajal 

No hay manera de endulzar esto: la violencia política contra las mujeres es el último refugio del machismo cuando se siente amenazado. Es el mecanismo por excelencia del patriarcado para recordarnos que la política sigue siendo su coto de caza, su mesa de decisiones, su territorio en disputa. Y cuando una mujer osa sentarse ahí, cuando se atreve a levantar la voz, cuando se resiste a ser la “acompañante” y exige ser protagonista, el sistema responde con lo que mejor sabe hacer: disciplinar.

El escrache mediático, la difamación, los insultos, las calumnias sobre nuestra vida privada, las operaciones para minar nuestra credibilidad… No es un fenómeno nuevo. Es una herramienta histórica del poder patriarcal para expulsarnos de los espacios de decisión.

Es lo que hicieron con Eva Perón cuando la tildaron de prostituta, con Cristina Fernández cuando la demonizaron, con cada mujer que se animó a desafiar el orden impuesto. Es la misma lógica de los tribunales inquisitoriales que quemaban brujas, pero con micrófonos, redes sociales y páginas de dudosa ética.

Lo que ha ocurrido en nuestra ciudad, en nuestra provincia, estos días, no es un hecho aislado. Es la expresión local de una estructura de violencia que opera a nivel global, con distintos rostros y métodos, pero con un mismo objetivo: que las mujeres no nos sintamos seguras en la política, que dudemos, que nos desgastemos, que nos vayamos.

La secretaria de Acción Social, Paula Cattáneo, fue una de las víctimas de esta maquinaria de destrucción, junto a la directora de Cuestiones de Género, María Silvia Carrizo, además de Lilian Bistolfi, exdiputada, docente universitaria y militante feminista, y la legisladora opositora Gabriela Neme. Las atacaron porque son mujeres en el poder. Porque el machismo, en su versión más ruin, no distingue ideologías cuando de silenciarnos se trata.

Y lo más indignante no es solo quiénes lanzan los ataques, sino quiénes los permiten. Quienes financian la misoginia con dineros públicos o privados. Quiénes callan cuando les conviene. Quiénes, mientras levantan la bandera de la igualdad, operan desde las sombras para sostener el pacto patriarcal.

Porque esa es la gran verdad incómoda: la violencia política contra las mujeres no es solo obra de unos pocos machistas retrógrados. Es el resultado de un sistema que se niega a ceder poder. Un sistema que aprendió a reciclar su misoginia con nuevas narrativas, que nos vende discursos de inclusión mientras permite que se nos ataque con total impunidad.

Ya no nos callamos. Ya no aceptamos que se nos cuestione por cómo nos vestimos, por cómo hablamos, por con quién nos acostamos o dejamos de acostarnos. No aceptamos que nos quieran reducir a meros objetos de burla o desprestigio. No aceptamos que la política siga siendo un campo de batalla donde solo los hombres juegan sin miedo a ser deslegitimados por su género.

Es momento de exigir respuestas. De demandar que los responsables de estas agresiones sean denunciados, juzgados y castigados. Que la dirigencia política-de todos los sectores-se haga cargo. Que el periodismo deje de ser cómplice de la violencia disfrazada de información. Que la sociedad entienda que esto no es un “gajes del oficio”, sino una violación a la democracia misma.

Porque no hay democracia real si la mitad de la población sigue siendo blanco de ataques sistemáticos solo por atreverse a participar. Y si el patriarcado cree que con esto nos va a frenar, que se prepare. Porque estamos más unidas, más firmes y más determinadas que nunca.

Mi solidaridad con la Lic. Paula Cattáneo y con todas las mujeres que han sido víctimas de la violencia política. No nos callamos más.

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Violencia política contra las mujeres: el pacto patriarcal que se resiste a morir