lunes 23 de febrero de 2026

UN AÑO DE MILEI

Ajuste, pobreza y represión en nombre de un cambio que no llega

miércoles 11 de diciembre de 2024

Por Marina Carabajal

 

A un año de la asunción de Javier Milei como presidente de la Nación, la Argentina se enfrenta a un panorama devastador, donde la promesa de cambio se transformó en un auténtico descalabro social y económico. El país está dividido entre los que se ven abrumados por la pobreza, el desempleo y la precariedad, y aquellos que, beneficiados por las políticas anarcocapitalistas del gobierno, siguen multiplicando sus riquezas.

Mientras los argentinos luchan por sobrevivir, los poderosos, en una muestra de descarada indiferencia, continúan engordando sus fortunas, alimentados por un sistema económico que los favorece a costa de la miseria de las mayorías.

La gestión de Milei, lejos de representar una renovación, confirmó lo que muchos temían: un modelo que favorece a unos pocos a expensas de los derechos y necesidades del pueblo.

A lo largo de estos 12 meses, el gobierno implementó un brutal ajuste fiscal que desencadenó miles de despidos, recortes en los programas sociales y una insostenible alza de precios. El salario mínimo no alcanza para cubrir ni la mitad de la Canasta Básica Alimentaria, mientras la pobreza alcanza niveles históricos.

Es inconcebible que, en pleno siglo XXI, la gente no pueda acceder a lo más básico, como alimentos, salud y educación, y sin embargo, los sectores concentrados de poder se enriquecen sin miramientos.

Una de las decisiones más escandalosas de este primer año fue la desregulación económica, que trajo consigo una devaluación del 118%, un golpe directo al bolsillo de los trabajadores y las familias argentinas. Esta medida, que supuestamente buscaba corregir el “déficit fiscal”, generó más pobreza y desajuste económico, sin ningún tipo de beneficio claro para la ciudadanía. Y no solo eso, el gobierno demostró una total insensibilidad al retener más de 6 millones de kilos de alimentos destinados a los sectores más vulnerables, dejándolos pudrirse en galpones mientras millones de argentinos empobrecidos, tienen hambre. Este es el tipo de gobierno que tenemos: uno que despoja a los más necesitados para alimentar a los que ya tienen todo.

El aumento de precios fue otra de las calamidades de este primer año de gobierno. Los productos básicos, como la yerba, se volvieron un lujo inalcanzable para muchas familias, mientras que las tarifas de servicios esenciales, como la luz, el gas y el transporte, aumentaron exponencialmente.

La inflación arrasa con cualquier intento de recuperación salarial, dejando a millones de argentinos atrapados en un círculo vicioso de pobreza y desesperanza. El gobierno de Milei no solo vienen fracasando en sus promesas económicas (el ajuste lo pagará la casta), sino que dejó en evidencia su total desconexión con las realidades de la gente común.

En cuanto a los derechos de los trabajadores, el ajuste fiscal fue un golpe devastador. Miles de empleos públicos fueron eliminados, y aquellos que aún conservan su trabajo enfrentan condiciones de creciente precariedad.

El recorte de fondos en salud y educación es alarmante: los hospitales públicos están al borde del colapso, y la educación sufre una desfinanciación que afectará a las futuras generaciones.

Mientras tanto, el gobierno sigue destinando recursos a un gabinete político que parece inmunizado contra la crisis que viven los ciudadanos de a pie. Millones de argentinos luchan por sobrevivir, pero los funcionarios de Milei siguen disfrutando de lujos y privilegios. La injusticia es flagrante.

El autoritarismo es otra característica innegable de este gobierno. La represión es una constante en las movilizaciones populares, donde la "mano dura" de Milei se hace sentir a través del uso de la fuerza contra quienes osan protestar.

El "Protocolo Antipiquete" es una muestra de la intolerancia de un régimen que, ante la disidencia, no duda en recurrir a la violencia y la persecución. Los manifestantes fueron detenidos, humillados y acusados de “terrorismo” por exigir lo más básico: trabajo, dignidad, y justicia social. Este uso del aparato represivo no es solo una táctica para contener la protesta, sino una muestra de la deriva autoritaria y antidemocrática del gobierno de Milei.

El balance del primer año de gobierno de Javier Milei es claro: un fracaso rotundo en lo económico, una vulneración sistemática de los derechos sociales y un ataque directo a la democracia. Las promesas de cambio se desvanecen en un mar de crisis, ajuste y represión.

En lugar de construir una Argentina para todos, Milei cimienta un modelo que solo beneficia a los más poderosos, mientras empuja al pueblo a la pobreza y la desesperación. Este gobierno, lejos de representar una salida para la Argentina, está profundizando las desigualdades, las injusticias y las divisiones sociales.

El horizonte, además, no es prometedor. Los anuncios de reformas estructurales que se realizaron ayer, como la reforma impositiva y el endurecimiento de las leyes de seguridad, parecen más pensados para fortalecer el poder de los grandes empresarios y concentrar aún más la riqueza en manos de unos pocos.

La “libre competencia de monedas” o la eliminación de aranceles dentro del Mercosur no resuelven los problemas estructurales de la economía argentina, pero sí benefician a los sectores más poderosos, mientras la gente común sigue sufriendo las consecuencias de un sistema económico injusto.

La pregunta que queda en el aire es clara: ¿hasta cuándo podrá la sociedad argentina seguir soportando? ¿Hasta cuándo se tolerará un gobierno que demuestra ser indiferente ante el sufrimiento de su pueblo y opta por privilegiar a los poderosos, en detrimento de los derechos de las mayorías? Un año de Milei es suficiente para demostrar que su modelo no solo es incapaz de resolver los problemas históricos de la Argentina, sino que los agudiza aún más.

 

 

Ajuste, pobreza y represión en nombre de un cambio que no llega