2026-04-21

OPINIÓN

Formosa: cuando el control parece negocio y el desorden, política de Estado

Foco obsesivo en controlar seguro de motos.

En Formosa hay una escena que se repite con una precisión casi irritante: operativos policiales apostados estratégicamente para controlar motocicletas, con un foco obsesivo en la documentación del seguro. Hasta ahí, nada que objetar en términos legales. El problema empieza cuando la gente percibe y con fundamentos que ese control no forma parte de una política integral de seguridad vial, sino de una práctica selectiva, cómoda y sospechosamente rentable para algunos que venden seguros.

Porque mientras se multiplican los retenes para exigir pólizas, el caos urbano avanza sin control. En las inmediaciones de las escuelas y colegios  en horarios pico, reina la ley de la selva: autos en doble fila, motos circulando por la vereda, vehículos en contramano y una ausencia casi total de ordenamiento. ¿Dónde está la policía en esos momentos críticos? ¿Dónde está la prevención real, la que cuida vidas y no papeles? Ha la sensación, la de seguridad.

El vecino formoseño no es ingenuo. Se pregunta por qué se persigue con tanto celo el seguro de una moto, pero se mira para otro lado ante infracciones mucho más peligrosas en conducción temeraria, donde la culpable es la lluvia y no el alcohol. Y en ese contraste nace la sospecha: ¿estamos ante un sistema que prioriza recaudar, directa o indirectamente o ante una fuerza que perdió el rumbo de su función esencial?

Más grave aún es el abandono en materia de seguridad barrial. Mientras los operativos de tránsito parecen proliferar, los reclamos por robos, arrebatos y zonas liberadas se multiplican en distintos puntos de la ciudad. Barrios donde la presencia policial es esporádica o directamente inexistente. Hoy en Formosa te roban la moto tan rápido como que te dan un préstamo en onda del banco. Los vecinos sienten que están solos frente al delito. Y una sensación generalizada de desprotección que crece en silencio.

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El problema no es controlar. El problema es qué se controla, cómo y para qué. Cuando la policía se convierte en un actor selectivo, que actúa donde es fácil y evita donde es necesario, el mensaje es devastador: el orden no es una prioridad, es una excusa.

Formosa necesita una política de seguridad seria, integral y coherente. Que ordene el tránsito donde hay riesgo real, que esté presente en los barrios donde el delito golpea, y que deje de alimentar sospechas que erosionan la confianza pública.

Porque cuando la ciudadanía empieza a ver a la policía no como garantía de seguridad sino como parte de un engranaje dudoso, lo que está en juego no es solo el tránsito ni los seguros: es la credibilidad del Estado. Y sin credibilidad, no hay autoridad que alcance.

Mientras me acerco a un control de tránsito, espero que el personal del orden me confunda, con algún politico o hijo de algún amigo del comisario.  Siempre es bueno tener un conocido en la comisaría, porque no se si  sirva de algo, pero por las dudas viva Perón y Evita "carajo".

Autor: Roberto Verdún

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