2026-03-02

OPINIÓN

Viernes negro: la traición y el saqueo

El gobierno de Javier Milei ya tiene su ley: escrita bajo el dictado del Fondo Monetario Internacional y diseñada para garantizar una transferencia brutal de ingresos desde el bolsillo del trabajador hacia las ganancias del gran capital.

Este 27 de febrero fue, un viernes negro para los laburantes. Un día que quedará marcado como el momento en que el poder decidió oficializar el saqueo y llamar “modernización” a la miseria. El gobierno de Javier Milei ya tiene su ley: escrita bajo el dictado del Fondo Monetario Internacional y diseñada para garantizar una transferencia brutal de ingresos desde el bolsillo del trabajador hacia las ganancias del gran capital.

No hay zonas grises. Esta reforma es una estafa moral y política. Liquida indemnizaciones, debilita la negociación colectiva, fomenta la precarización y convierte el miedo a perder el empleo en herramienta disciplinadora. Es el regreso al “sálvese quien pueda”, la demolición planificada de la justicia social.

Desde la doctrina peronista no hay ambigüedad posible: los derechos del trabajador no se negocian, se defienden. Donde hay una necesidad nace un derecho. Por eso ningún peronista puede votar una ley que recorta conquistas históricas. Y sin embargo, hubo quienes, con la banca obtenida por el voto popular, eligieron arrodillarse y acompañar esta infamia. No es error: es traición de clase.

Con la industria nacional en caída libre y miles de despidos acumulándose, pretenden vender humo. No habrá lluvia de inversiones. Habrá salarios a la baja, jornadas más largas y trabajadores más débiles frente a empleadores más poderosos. Primero buscaron proscribir y disciplinar a Cristina Fernández de Kirchner; después fueron por los gremios; ahora vienen por cada convenio, por cada derecho, por cada familia obrera.

El mensaje es claro: trabajo precarizado para los padres y un Estado punitivo que amenaza a los pibes desde los 14 años. Es un modelo que necesita trabajadores asustados y sin organización para funcionar.

Pero que lo escuchen bien: nadie va a aceptar este destino que nos condena a la miseria. La clase obrera argentina no nació ayer. Tiene memoria, tiene organización y tiene dignidad. Si creen que este viernes negro es el punto final, se equivocan. Puede ser, en cambio, el punto de partida de una resistencia más firme, más unida y más consciente.

La historia no absuelve a los que entregan. Y la lucha recién empieza.

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