miércoles 30 de septiembre de 2026

OPINIÓN

Siembra mentiras y cosecharás repudio

Entre la realidad y el relato hay un abismo.
miércoles 30 de septiembre de 2026

Hay una peligrosa disociación entre el relato oficial y lo que se respira en la calle. De un lado, el Gobierno de Javier Milei exhibe superávit fiscal, inflación descendente, crecimiento futuro, récord de exportaciones y una supuesta transformación estructural de la economía. Del otro, millones de argentinos hacen cuentas para llegar a fin de mes, reducen consumos, acumulan deudas y enfrentan tarifas que se llevan una porción cada vez mayor de sus ingresos.

Javier Milei insiste en presentar un programa económico, como una transformación histórica: equilibrio fiscal, inflación descendente, crecimiento, récord de exportaciones, recuperación de la actividad, inversiones y un país que, según llegó a afirmar el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo la argentina “pasó a ser un país modelo”.

La verdadera discusión es que los números oficiales, incluso los producidos por el INDEC, cuentan una historia bastante más compleja, que afecta la cotidianeidad de millones de argentinos.

Caputo acaba de insistir nuevamente con la defensa del rumbo económico. Este 29 de septiembre sostuvo que el Gobierno logró resolver “la peor herencia económica de la historia argentina” y reivindicó el orden fiscal y la estabilidad como los grandes logros de la gestión.

Semanas antes había dicho que Argentina “pasó a ser un país modelo”. Y el 15 de septiembre había anunciado que el Presupuesto 2027 contemplaría, por cuarto año consecutivo, superávit financiero.

En junio, además, había anticipado que Argentina entraría en 2027 “creciendo fuertemente y con inflación a la baja”. Es un relato perfectamente ordenado.

El INDEC informó que durante el primer semestre de 2026 la pobreza alcanzó al 32,3% de la población, mientras que la indigencia llegó al 7,5%. Son 24,4% de los hogares por debajo de la línea de pobreza.

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Entonces surge una pregunta elemental: ¿cómo se mide el éxito de una política económica?

¿Por el superávit fiscal? ¿Por el resultado financiero? ¿Por la cotización de los bonos?

¿O también por la cantidad de argentinos que pueden vivir dignamente con sus ingresos?

Porque si la respuesta es exclusivamente fiscal, entonces cualquier ajuste podría presentarse como exitoso mientras consiga reducir el gasto público.

Pero gobernar una sociedad no consiste solamente en cerrar las cuentas del Estado.

El Estado puede tener superávit y una familia puede tener déficit.

El Gobierno puede celebrar sus cuentas y un jubilado puede no llegar a fin de mes.

El Tesoro puede mejorar su resultado y un trabajador puede endeudarse para comprar alimentos.

Las dos cosas pueden ocurrir simultáneamente… ¡¡¡Y están ocurriendo!!!

Pero desacelerar la inflación no significa que los precios hayan vuelto atrás.

La inflación puede bajar mientras el poder adquisitivo permanece deteriorado y si el bolsillo no se estabiliza es porque tenemos una economía ¡¡inestable!!

Y eso explica una parte de la contradicción que atraviesa el relato oficial.

Hay otro dato que resulta particularmente incómodo.

El INDEC informó que las ventas de los supermercados, medidas a precios constantes, cayeron estrepitosamente en el último mes de agosto de este año 2026.

Aquí aparece una de las paradojas del modelo.

Si los argentinos compran menos, en los super, ¿estamos comiendo menos?

O lo que es peor estamos endeudándonos ¡para comer!

Y allí la pregunta vuelve a aparecer: ¿estamos naturalizando la escasez? ¿nos estamos resignando ante una economía que no se recupera? o perdimos las esperanzas ante un arco político que esta adormecido, sin capacidad de reacción ante tanta agresividad estatal.

Caputo sostiene que la economía argentina se está recuperando y que los próximos años serán mejores. En junio anticipó que el país entraría en 2027 con fuerte crecimiento y menor inflación. Nada de esto sucedió, si asi fuera ¿porque aumentan desmedidamente los servicios, los alimentos, los medicamentos, el combustible?

Y todos los días asistimos al cierre de fabricas históricas que han sorteado diferentes crisis económicas y políticas de nuestro país, pero esta es la peor de todas es terminal.

Tener superávit fiscal no significa automáticamente que haya mejores salarios, mejores jubilaciones o mejores servicios públicos.

Existe además otra característica del discurso oficial: cuando los resultados presentes no alcanzan, aparece el futuro.

En 2027 habrá más crecimiento.

La inflación seguirá bajando.

La inversión llegará.

La economía será más competitiva.

Los salarios recuperarán poder adquisitivo.

Las exportaciones aumentarán.

Argentina será una potencia.

El problema es que el futuro siempre funciona como una promesa perfecta porque todavía no puede ser contrastado.

La economía no funciona según el discurso presidencial: funciona como una secuencia de resultados, de una gestión.

La Realidad es Irrefutable y no hay Relato que pueda sostenerse ante tanta evidencia.