viernes 16 de octubre de 2026

OPINIÓN

Cuando la bondad política se vuelve un boomerang

El precio de la lealtad.

En el complejo ajedrez del poder, pocas veces la caída de un líder se cocina a fuego tan lento como la que parece perfilarse en Formosa. Gildo Insfrán, el histórico gobernador peronista que ha mantenido el timón de la provincia desde 1995, se enfrenta hoy a una paradoja dolorosa: podría perder las elecciones no por sus errores personales, sino por su fidelidad inquebrantable a un esquema político nacional que ha perdido legitimidad. Su "bondad" política, su vocación de sostener a todos dentro del barco peronista, amenaza con hundirlo.

Insfrán ha sido, sin dudas, uno de los exponentes más férreos del modelo de conducción vertical y presencia estatal que caracterizó al peronismo de las últimas décadas. Pero esa misma lealtad al sello y a sus aliados –aun cuando muchos de ellos arrastran niveles de imagen negativa alarmantes– se ha convertido en su talón de Aquiles.

Hoy, el peronismo nacional se presenta ante el electorado este 18 de mayo como una maquinaria desacreditada, con fracturas internas, promesas incumplidas y un descrédito que crece tanto en las grandes urbes como en las provincias de Salta y Jujuy a modo de ejemplo.

Compartir el proyecto con dirigentes cuya reputación está en rojo no hace más que contagiar ese desgaste incluso a figuras que, como Insfrán, han sabido mantener cierto grado de gobernabilidad y control territorial.

¿Es justo que quien ha sostenido la estabilidad en Formosa durante décadas pague con una derrota? Tal vez no. Pero la política no suele ser justa. Es pragmática, despiadada, a veces incluso cruel. Los votantes ya no perdonan la asociación ilícita, aunque sea indirecta, con aquello que huele a corrupción, desidia o privilegio.

Y en tiempos donde la política está bajo lupa, la imagen lo es todo, donde los jóvenes votan según su red social preferida. Insfrán eligió seguir apostando a un peronismo compartido, donde Cristina" safo" de Ficha Limpia, por ahora. No cerró filas. No se diferenció. No rompió. No marcó límites claros a pesar de ser el único conductor nato con autoridad moral dentro del peronismo.

En eso hay una forma de "bondad política": la de no traicionar, la de no cortar cabezas, la de no lavarse las manos. Pero a veces, en política, la virtud de la lealtad puede volverse defecto. Y la historia lo sabe.Si pierde, no será por debilidad de gestión, sino por exceso de fidelidad, donde la transversalidad política le está jugando una mala pasada por el "gatopardismo" de los dirigentes mezquinos con olor a derecha.

Una ironía que, quizás, algún día lo redima en los libros, pero que hoy amenaza con costarle el poder. Cómo para un compañero no hay nada mejor que otro compañero, no pueden decir que no sabían ¡Viva Perón Carajo!

En memoria de mi amigo que ya no está. Pero su pensamiento sigue vivo.

Autor: R.V.