viernes 16 de octubre de 2026

OPINIÓN

Los agoreros del suicidio y el negocio del miedo en Formosa

En tiempos de incertidumbre y fragilidad emocional, hay quienes, lejos de tender una mano, deciden lucrar con el dolor ajeno.

Los agoreros del suicidio se han convertido en expertos en sembrar desesperanza, disfrazando su negocio de "prevención", cuando en realidad promueven un discurso oscuro que instala el suicidio como una presencia constante, casi inevitable. ¿Qué buscan? Que la gente viva con miedo. ¿Para qué? Para que ellos sigan ganando dinero fácil.

El sufrimiento humano no puede ni debe convertirse en mercancía. Pero estos mercaderes del miedo construyen relatos alarmistas, estadísticas descontextualizadas y campañas que, lejos de empoderar, paralizan. Así capturan la atención de familias angustiadas, venden libros, charlas, cursos y programas que prometen soluciones mágicas. Y mientras más miedo logren inculcar, más dependientes se vuelven sus clientes.

En Formosa no se trata de negar la existencia real y dolorosa del suicidio. Se trata de exponer a quienes, en vez de acompañar con respeto y compromiso, explotan ese drama para su beneficio con fundaciones tenebrosas y nombres de fantasía. La verdadera prevención nace del amor, la escucha, el fortalecimiento del lazo social, y no del marketing emocional ni del sensacionalismo.

Basta de instalar la desesperanza como si fuera un destino inevitable. Basta de convertir el sufrimiento en un nicho de mercado para los psicólogos sin patria. La vida merece ser cuidada desde la luz, no desde el negocio de la sombra encabezada por la modelito carilinda.

El Papa Francisco no se cansaba de proclamar: “¡Nadie se salva solo!”. La esperanza se construye en comunidad, con compasión verdadera, no con discursos que manipulan el dolor.

Frente al negocio del miedo, respondamos con el valor de la ternura, la verdad y el compromiso por la vida.

Autor: R.V.

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