lunes 23 de febrero de 2026

MARCHA CONTRA MILEI

Una CGT sin voz ni voto: el paro general que no convence a nadie

La huelga contra el ajuste quedó debilitada por diversos factores
sábado 12 de abril de 2025

La Confederación General del Trabajo (CGT) convocó a un nuevo paro general, por 36 horas que arrancó el miércoles al mediodía y finalizó este jueves. Una medida que, en otros contextos, podría haber sido una expresión potente de la clase trabajadora organizada frente al ajuste feroz que lleva adelante el gobierno de Javier Milei. Pero en este caso, lo que presenciamos fue más una maniobra de lavado de imagen que una verdadera muestra de lucha.

La CGT, dirigida desde hace años por un trío que se niega a renovar sus liderazgos, ha perdido credibilidad incluso entre los propios trabajadores y sindicatos que la componen. Durante los primeros meses del gobierno libertario, cuando las bases temblaban y la sociedad reclamaba una respuesta, la central obrera eligió el silencio.

No dijo nada ante la aprobación exprés de la Ley Bases, una verdadera estafa legislativa que, mediante decretos y modificaciones entre gallos y medianoche, avanzó sobre derechos laborales adquiridos. Tampoco se expresó con firmeza ante la masiva movilización en defensa de la educación pública, otro de los pilares atacados por el actual gobierno.

Hoy, cuando el desgaste político comienza a cobrarle factura al oficialismo, la CGT aparece en escena con un paro general y un discurso tibio, casi protocolar, que más parece un intento desesperado de salvar las apariencias que un acto genuino de representación obrera. Esto se vio reflejado en las calles donde personas consultadas apoyaban el paro, pero, ponían en dudas las verdaderas intenciones de la central obrera.

El gobierno aprovechó este debilitamiento de representatividad y mientras las columnas de la CGT marchaban hacia el Congreso de la Nación para acompañar a los jubilados, adentro se reanudaba el debate para eliminar la cuota sindical obligatoria.

El reclamo es legítimo, sí. Pero la conducción está vaciada de sentido, y su desconexión con las bases es alarmante. La CGT ya no convence. No representa. No moviliza. La dirigencia gremial, al igual que buena parte de la política tradicional, atraviesa una crisis profunda de valores. Años de gestión ininterrumpida, beneficios personales y pactos oscuros la han transformado en una estructura más interesada en preservar sus privilegios que en defender a los trabajadores que dice representar.

Es hora de que los actuales dirigentes sindicales den un paso al costado. Necesitamos personas comprometidas, honestas, con capacidad de organización y sensibilidad social. Y si eso no ocurre, quizás lo más sano sería que estas estructuras, hoy obsoletas, simplemente se disuelvan. Porque un sindicalismo que solo sirve para perpetuar a sus líderes no es sindicalismo: es un obstáculo más en el camino de quienes luchan, día a día, por una vida digna.

Quizás haya llegado el momento de preguntarnos si no es hora de imaginar una nueva forma de representación, una que no se construya desde los escritorios sino desde las calles, desde las aulas, desde los lugares de trabajo. Tal vez el verdadero desafío sea repensar los vínculos entre quienes luchan y quienes dicen representar. Porque sin credibilidad, sin compromiso y sin coraje, ninguna conducción puede ser legítima. Y sin legitimidad, toda estructura está destinada a volverse irrelevante.

“El mundo no será destruido por quienes hacen el mal, sino por aquellos que los miran sin hacer nada." Albert Einstein (Científico Físico - Creador de la teoría de la Relatividad)