lunes 23 de febrero de 2026

Incertidumbre: ¿estamos todos incluidos en el nuevo plan de gobierno?

domingo 17 de diciembre de 2023

El 19 de noviembre de este año el pueblo soberano definió el rumbo de la Argentina dándole la presidencia del Estado a un nuevo espacio político del que poco se sabe aún, pero se autodenomina libertario y propone un modelo de gobierno distinto al saliente, uno en el que un Ministerio abocado a las Mujeres, Géneros y Diversidad no tiene lugar. No hay un pronunciamiento oficial respecto a si esta acción constituye la decisión de ya no respaldar y contener a los sectores vulnerables que allí solían estar representados, pero ciertamente es una de las tantas incertidumbres que pululan en el aire tras el cambio de gobierno.

Lo cierto es que en el proceso de campaña se dijeron muchas cosas que no auguran la continuidad de varias conquistas sobre derechos que realmente llevaron años de luchas y reclamos para que fueran finalmente convertidos en parte de la legislación vigente pero lo cierto es que a días de la asunción de las nuevas autoridades no se puede generar un veredicto puesto que no hemos visto aún la puesta en marcha de sus planes de acción.

El proceso al que antes hice referencia ha ido teniendo una serie de variables que se fueron incorporando en el camino puesto que para lograr llegar a hacerle frente al oficialismo saliente se fueron conformando alianzas con diversos sectores que deberían darle una perspectiva más plural a los diversos planteos iniciales. Con una mirada intencionalmente positiva esto debería ser alentador.

Una vez que este viento de cambios radicales llegó al Ejecutivo Nacional, también era un motivo de esperanza el hecho de que, en un sistema republicano, existen otros dos poderes que custodian celosamente los derechos adquiridos y proyectan aquellos que aún se requieren pero en poco tiempo Victoria Villarroel volvió a jugar la carta de la pluralidad y la integración para dejar al gobierno entrante con mayoría en el Senado y nuevamente, es necesaria la visión optimista para creer que nuestros representantes han de gobernar para todos y todas, aunque la incertidumbre crece.

Me hago eco de las palabras de una libertaria en el marco del primer discurso presidencial de Javier Milei luego de su designación. Una médica vestida con una túnica que engalanaba los colores de la bandera celeste y blanca aseguró que “si bien se le dio la oportunidad de gobernar a un nuevo espacio, no se trata de un cheque en blanco. Estaremos observando cada uno de sus pasos y si no son beneficiosos le vamos a pasar factura”.

La situación inicial nos habla claramente de un cambio, de pluralidad de espacios unidos para gobernar en conjunto, avances y retrocesos en ideas drásticas que no sabemos si han de ser ejecutadas, pero tengo por seguro que somos muchos los ciudadanos que estamos expectantes para ir viendo qué es lo que nos trae por delante este nuevo rumbo.

Es cierto que ya se han tomado varias medidas de emergencia y una que repercute directamente en la subsistencia de muchos medios de comunicación como lo es la suspensión de la pauta oficial para los anuncios presidenciales (garantizada constitucionalmente), pero la importancia de ese tema merece un capítulo aparte.

Por el momento es muy pronto para emitir veredicto, pero todo un país está a la expectativa. Por una razón u otra, voluntaria o involuntariamente, todos hemos hipotecado nuestro futuro en las decisiones que se van a ir tomando de ahora en adelante y las lógicas consecuencias que ellas han de tener en el pueblo argentino.

Una de las tantas incertidumbres (y la que me trajo a este análisis) tiene que ver con el modo en el que han de ser abordadas las problemáticas que afectan a las mujeres y las diversidades que constituyen una población vulnerable y que ha ido logrando algunos derechos amparados en leyes de inclusión en largo y arduo proceso.

Mujeres que hasta hoy cuentan con espacios de contención ante casos de violencia de género, casos que sabemos que están a la orden del día sin necesidad de entrar en la penosa tarea de traer números y estadísticas a colación, el colectivo trans que llegó a soñar cono ese cupo de un 1% que le permitiría ingresar a trabajar en la administración pública que hoy ha puesto una “motosierra” en el ingreso, la intriga de saber si la capacitación obligatoria determinada por la Ley Micaela continuará teniendo financiamiento estatal para capacitar a sus empleados en estas cuestiones, etc.

Si bien el panorama es poco alentador en este sentido, lo cierto es que lo mejor que podemos hacer en este momento es confiar en que el poder del pueblo ha tomado las riendas de la Nación y no ha de permitir que se retroceda en ningún derecho adquirido, por el contrario, confiar en que se continuará consolidando un suelo en el que podamos coexistir de manera armoniosa y eliminando gradualmente la exclusión y la marginalidad.

¿Cómo se ha de lograr?, pues dejemos que los representantes del pueblo hagan su trabajo y esperemos que lo hagan incluyendo a todos y deseando los mejores resultados en plazos prudenciales y con respeto a los derechos ya consagrados.