2026-09-23

OPINIÓN

No quieren que votemos mal. Quieren que volvamos a no votar

A 79 años de un hito histórico, las mujeres argentinas recuerdan la conquista del derecho al voto, fruto de años de lucha, militancia y resistencia.

Hay fechas que no se conmemoran. Se defienden.

Cada 23 de septiembre recordamos que en 1947 las mujeres argentinas conquistamos algo que hoy parece tan obvio que a veces olvidamos cuánto costó: el derecho a votar y a ser elegidas. La Ley 13.010, durante el gobierno de Juan Domingo Perón, convirtió en ley una pelea que habían dado generaciones de mujeres. Y en 1951, por primera vez, pudimos votar en una elección presidencial.

Pero hay algo que no podemos hacer hoy: mirar esa conquista como una pieza de museo.

Porque mientras celebramos aquel avance, en buena parte del mundo asistimos a una reacción contra los derechos de las mujeres. ONU Mujeres advierte sobre retrocesos, debilitamiento de protecciones y obstáculos persistentes para nuestra participación política.

Y acá aparece la trampa.

Cuando no pueden decir abiertamente “quitemos a las mujeres el derecho a votar”, aparece el discurso del “orden natural”. La familia tradicional. La mujer en su casa. La maternidad como destino obligatorio. El feminismo convertido en enemigo. La idea de que las mujeres debemos volver a ocupar el lugar que otros decidieron para nosotras.

Porque hay algo que incomoda profundamente: las mujeres pensamos políticamente, votamos, militamos, discutimos, ocupamos espacios de poder y también podemos decir que NO.

Y cuando una parte de la derecha descubre que muchas mujeres no acompañamos sus ideas, el problema deja de ser el voto y empieza a ser la mujer que vota.

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Entonces no dicen “quitemos derechos políticos”. Lo disfrazan.

Lo llaman valores.

Lo llaman tradición.

Lo llaman familia.

Lo llaman libertad.

Pero detrás de algunos de esos discursos hay una vieja pretensión: que las mujeres volvamos a ser ciudadanas de segunda, silenciosas, obedientes y agradecidas.

No.

Soy mujer. Soy feminista. Soy peronista.

Y sé perfectamente que los derechos políticos no fueron un regalo. Fueron una conquista.

Por eso este 23 de septiembre no quiero solamente recordar a Evita, ni repetir una efeméride.

Quiero recordar que cada derecho conquistado puede ser disputado.

Que ninguna libertad está garantizada para siempre.

Y que cuando vienen por nuestros derechos, también vienen por nuestra voz.

Por eso votamos.

Por eso participamos.

Por eso ocupamos lugares de decisión.

Por eso seguimos incomodando.

Porque hubo mujeres que pelearon para que pudiéramos entrar a la política.

Y ahora nos toca a nosotras pelear para que nadie vuelva a sacarnos de ella.

Que quede claro: no vamos a volver al lugar que otros eligieron para nosotras.

Ya aprendimos el camino de la conquista.

Y sabemos resistir.

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