CRISIS EN LA MESA
Menos asado y más pollo: cambia el consumo argentino de carne
El asado, una de las costumbres más arraigadas de la mesa argentina, empieza a transformarse en un símbolo de una nueva realidad económica. El consumo de carne vacuna alcanzó su nivel más bajo de las últimas dos décadas y detrás de los números aparece una combinación de factores: problemas climáticos, caída del stock ganadero y un bolsillo que obliga a modificar las elecciones alimentarias.
En comunicación con "La Otra Mirada" de FM Espacios 92.5, el presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes, Miguel Schiariti, confirmó la situación y explicó que el fenómeno no responde a una sola causa.
“Es cierto, el consumo cayó al nivel más bajo de los últimos 20 años”, sostuvo el dirigente, aunque aclaró que la producción viene atravesando dificultades desde hace varios años.
Según explicó, la cadena ganadera sufrió el impacto de eventos climáticos extremos. La sequía de 2023 afectó el momento de reproducción del ganado, mientras que las inundaciones posteriores complicaron nuevamente la producción. Como consecuencia, el país llegó a perder alrededor de seis millones de cabezas en el stock ganadero.
“Una vaca mal alimentada no ovula y si no ovula no hay terneros”, graficó Schiariti para explicar cómo las condiciones naturales terminan impactando en la disponibilidad futura de carne.
Sin embargo, el escenario productivo se combina con otro elemento determinante: la pérdida del poder adquisitivo. El tradicional consumo de carne vacuna fue reemplazado progresivamente por otras proteínas como pollo y cerdo, productos que hoy tienen una mayor presencia en la mesa familiar por su diferencia de precio.
La comparación es contundente: con el valor de un kilo de carne vacuna se pueden comprar entre tres y cinco kilos de pollo, dependiendo del corte elegido.
“Lo que cambió mucho es la relación de precios entre un producto y otro”, explicó el referente del sector.
La transformación de los hábitos alimentarios también responde a una cuestión cultural. Argentina históricamente estuvo asociada al consumo de carne vacuna, pero en los últimos años crecieron las milanesas de pollo, cerdo y otras alternativas que antes tenían una presencia mucho menor.
Schiariti destacó que esto no significa necesariamente una caída de la incorporación de proteínas animales. El país continúa con un consumo elevado de proteína animal si se suman carnes alternativas. La diferencia está en que la carne vacuna dejó de ocupar el lugar central que tuvo durante generaciones.
El problema, advierten especialistas, aparece en los sectores más vulnerables, donde la sustitución no siempre garantiza una alimentación equilibrada. En muchos hogares, las opciones más económicas terminan siendo cortes de menor calidad o productos que no alcanzan a cubrir una dieta variada.
Mientras tanto, las exportaciones mantienen un buen ritmo, impulsadas también por una demanda internacional que enfrenta problemas de producción en otros países.
Para el dirigente ganadero, el desafío será recuperar la capacidad de compra de los consumidores. Porque detrás de la caída del asado no solamente hay un cambio de menú: también hay una señal de cómo la economía modifica las costumbres más arraigadas de la vida cotidiana.