OPINIÓN
La violencia nunca puede transformarse en espectáculo
Nunca me gustó hacer periodismo de periodistas pero hay situaciones que son inadmisibles.
La violencia nunca puede transformarse en espectáculo. Mucho menos cuando quien denuncia es una menor de edad. Lo ocurrido ayer frente a la sede de la COSIV en Clorinda no solo expone la gravedad de una denuncia por presunto abuso sexual, amenazas y hostigamiento, sino también una práctica mediática profundamente irresponsable que vulneró derechos elementales en nombre de las visualizaciones, el impacto y los likes.
Una joven, acompañada por su madre, decidió hacer pública una situación extremadamente delicada. En ese contexto de vulnerabilidad, lejos de existir contención, resguardo y responsabilidad profesional, lo que se produjo fue una exposición brutal. Una menor fue puesta frente a cámaras en vivo para relatar una denuncia sensible sin los cuidados mínimos que exige cualquier cobertura seria con perspectiva de género y de niñez. El resultado fue todavía más grave: durante la transmisión, un familiar del acusado irrumpió violentamente y golpeó a la víctima ante cámaras.
La escena es inadmisible desde cualquier punto de vista ético, humano y periodístico.
No se trata únicamente de repudiar la agresión física sufrida por la joven. También debe señalarse con firmeza el rol de quienes convierten el dolor ajeno en mercancía digital. Exponer a una menor que denuncia violencia sexual sin preservar su integridad constituye una forma de revictimización. La cobertura no solo omitió cuidados básicos, sino que además generó las condiciones para que la violencia escalara en tiempo real frente a una audiencia.
El periodismo no puede actuar como una cámara de eco del morbo. No puede naturalizar prácticas que ponen en riesgo a víctimas, y mucho menos a niñas y adolescentes. Existe una enorme diferencia entre informar y explotar emocionalmente una situación traumática para obtener repercusión en redes sociales.
La perspectiva de género y el enfoque de derechos no son consignas decorativas: son herramientas fundamentales para evitar daños irreparables. Cuando una víctima se anima a hablar, el deber de quienes comunican es proteger, contextualizar y actuar con responsabilidad. No empujarla a un escenario de exposición extrema donde termina siendo nuevamente violentada.
Al mismo tiempo, también corresponde actuar con responsabilidad respecto de la información disponible. Fuentes policiales confirmaron que existe un conflicto de vieja data entre ambas familias del barrio 25 de Mayo, con múltiples denuncias cruzadas por amenazas, lesiones y contravenciones. Asimismo, hasta el momento no existiría una denuncia formal radicada en la COSIV por abuso sexual vinculada al caso denunciado públicamente.
Ese dato no invalida ni ridiculiza la palabra de la joven. Todo lo contrario: obliga a actuar con aún mayor seriedad y prudencia. Porque el principio del “yo sí te creo” no implica renunciar a la investigación responsable ni convertir una situación sensible en un show improvisado. Significa comprender que toda denuncia de violencia sexual merece escucha, acompañamiento institucional y abordaje profesional, sin estigmatización ni exposición innecesaria.
Creerle a una víctima también implica garantizarle condiciones seguras para denunciar.
Lo ocurrido en Clorinda deja una discusión urgente sobre los límites éticos de ciertas prácticas comunicacionales. No todo vale por audiencia. No todo vale por viralización. Hay responsabilidades legales, éticas y humanas que no pueden ser barridas por la lógica del algoritmo.
Cuando el periodismo abandona el cuidado y se transforma en espectáculo, las víctimas quedan solas frente a la violencia. Y eso no es informar: es contribuir al daño.
Repudiar la agresión sufrida por la menor implica también exigir coberturas responsables, respeto por los derechos de las víctimas y un compromiso real con la lucha contra todas las violencias. Porque ninguna denuncia debe convertirse en una emboscada mediática. Y ninguna menor debería ser revictimizada frente a una cámara mientras otros cuentan reproducciones.