2026-04-03

OPINIÓN

El problema no es el celular, es lo que viaja dentro de él

"La educación empieza en la casa, no en el aula".

En Formosa los legisladores y los referentes sociales se instalaron en el debate actual sobre el uso del celular en las escuelas, pareciera que el enemigo es un aparato de plástico, vidrio y circuitos.

Se discute si prohibirlo, si retirarlo al entrar, si bloquear la señal o si sancionar a los alumnos que lo usan en clase. Sin embargo, el enfoque está equivocado: están demonizando al mensajero en lugar de hacerse cargo del verdadero problema, que son los contenidos, la falta de límites y la ausencia de control familiar.

El celular no es bueno ni malo en sí mismo. Es una herramienta. Con un celular se puede copiar en un examen, pero también se puede investigar, leer, traducir, calcular, programar, aprender idiomas o acceder a una biblioteca entera en segundos. El problema entonces no es la herramienta, sino el empleo que se hace de ella y, sobre todo, quién educa sobre ese uso.

La escuela no puede convertirse en una especie de comisaría tecnológica donde los docentes revisen mochilas, secuestren teléfonos o actúen como policías digitales. La escuela está para enseñar, no para criar ni para reemplazar a la familia en la formación de hábitos, responsabilidad y autocontrol. Si un alumno no puede estar una hora sin mirar el celular, el problema no es escolar, es educativo y familiar.

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Muchos padres le dan a un hijo de 10, 11 o 12 años un celular con Internet libre, redes sociales, videos sin control, juegos violentos y comunicación permanente, pero después pretenden que la escuela solucione la adicción, la falta de atención, la agresividad o la desmotivación. La educación empieza en la casa, no en el aula. Los límites se aprenden primero en la familia y después se refuerzan en la escuela.

El verdadero debate no debería ser “celular sí o celular no”, sino:

¿Qué contenidos consumen los chicos?, ¿Cuántas horas por día usan el teléfono?, ¿Quién controla las redes sociales?,  ¿Quién enseña responsabilidad digital? y¿Quién pone los límites?

Porque prohibir el celular es la solución más fácil, pero también la más superficial. Es como tapar el termómetro para no ver la fiebre. El celular no creó la falta de respeto, la falta de interés por estudiar, la falta de límites o la dependencia a la pantalla; el celular solo hizo visible un problema educativo y social mucho más profundo. Si un alumno está educado, el celular será una herramienta. Si un alumno no tiene límites, el celular será un problema. Pero en ambos casos, el problema nunca fue el celular.

La escuela debe enseñar a utilizar la tecnología, no a esconderla. Y la familia debe enseñar responsabilidad, no delegar la educación en una institución. Porque educar no es prohibir objetos, es formar personas.

"Siempre viendo la realidad desde mi humilde experiencia de muchos años dentro de una escuela".

Autor: Roberto Verdún - Docente

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