CAMPO INCIERTO
Productores formoseños advierten que ya no pueden planificar el futuro
La realidad del campo en el norte argentino atraviesa un punto crítico: costos imprevisibles, insumos dolarizados y precios que no acompañan el esfuerzo de los productores. Ricardo “Pocho” Resler, horticultor con más de tres décadas de experiencia, sintetiza con crudeza lo que atraviesan miles de familias rurales: “Ya no proyecto nada. En este país hay que vivir el momento, el día a día”.
Resler conoce de cerca los vaivenes del país. Su familia cultivó algodón en el Chaco hasta que la caída del precio internacional los dejó sin margen. La crisis del 2001 terminó de empujarlo a Formosa, donde encontró mejores condiciones climáticas para producir sandías, melones y zapallos. Desde entonces, trabaja en Las Lomitas alquilando tierras y sosteniendo una actividad que demanda inversión constante.
“Antes sembrábamos 100 hectáreas y hoy producimos más en 60 por los cambios tecnológicos”, explica, aunque advierte que la mejora técnica convive con un escenario económico cada vez más frágil. “Cosechás con un valor y cuando volvés a sembrar ya te subió todo. Perdiste la ganancia”.
Como muchos pequeños y medianos productores, aprendió a diversificar para sobrevivir: además del trabajo hortícola, su familia abrió un autoservicio y construyó cabañas para alquiler. “En este país siempre hay que administrar con prudencia”, señala, remarcando que la imprevisibilidad obliga a estirar recursos durante todo el año.
El impacto emocional y físico también pesa. “El trabajo de la tierra es duro y uno vive haciendo mala sangre”, dice, al recordar cómo la inestabilidad económica y los golpes del sector deterioraron incluso la salud de su hermano, con quien trabajaba codo a codo.
La historia de Resler no es solo la de un productor que migró del algodón chaqueño a la horticultura formoseña. Es, sobre todo, el reflejo de un clima generalizado: el campo que abastece al país trabaja con incertidumbre, sin poder planificar, obligado a resistir en un escenario donde la estabilidad parece cada vez más lejana.