2025-10-14

VIOLENCIA DE GÉNERO

Siete femicidios en 30 días: Estado y sociedad ante la urgencia del #NiUnaMenos

El reciente repunte de femicidios en Argentina sacude las estructuras de impunidad: desde el triple crimen en Florencio Varela hasta los casos de Corrientes, Chaco y Córdoba, emergen historias de horror, negligencia institucional y violencia sostenida. Exigen respuestas inmediatas, reformas y una justicia con perspectiva de género.

Argentina vuelve a sacudirse ante una ola de femicidios que no se detiene. En menos de 30 días, siete mujeres fueron asesinadas en circunstancias marcadas por la violencia extrema, la desprotección institucional y la reiteración de un patrón: víctimas que habían pedido ayuda, que habían denunciado, y que fueron igualmente abandonadas a su suerte.

El caso más estremecedor ocurrió en Florencio Varela, Buenos Aires. Tres jóvenes: Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, de entre 15 y 20 años, fueron secuestradas con la excusa de asistir a una fiesta. Sus cuerpos fueron hallados torturados y enterrados en un jardín. El crimen fue transmitido en vivo en redes sociales, como un acto de dominación y terror que expone el grado de impunidad con que operan redes delictivas que mezclan narcotráfico y violencia machista.

Pocos días después, en Córdoba, Luna Giardina y su madre, Mariel Zamudio, fueron asesinadas a balazos por Pablo Laurta, ex pareja de Luna y padre de su hijo. Luna había denunciado acoso, amenazas y hostigamiento. Nadie la protegió. El doble femicidio desató movilizaciones del movimiento feminista, que volvió a poner sobre la mesa el reclamo de políticas públicas eficaces.

En Corrientes, Camila González, de 29 años, cayó desde un sexto piso mientras pedía auxilio. Testigos vieron a su ex pareja sujetándola. La causa está caratulada como posible femicidio. Chats previos revelaron una relación violenta que, como en tantos otros casos, no encontró respuestas institucionales a tiempo.

Y en Chaco, Gabriela Arací Barrios, de 20 años, fue hallada muerta en un pozo negro en Avia Terai. Había desaparecido horas antes. Su cuerpo fue encontrado dentro de una bolsa, y hay cinco personas detenidas, entre ellas el principal sospechoso.

Siete muertes en menos de un mes no son hechos aislados: son la evidencia de un sistema que no previene ni protege. La mayoría de las víctimas habían denunciado violencia previa, y aun así fueron asesinadas. Las demoras judiciales, la falta de seguimiento de las denuncias, la minimización de las alertas y el machismo estructural son parte del entramado que permite que esta violencia siga repitiéndose.

El movimiento feminista vuelve a reclamar lo que lleva años gritando en las calles: justicia con perspectiva de género, líneas de asistencia reales y accesibles, políticas de prevención efectivas, refugios, acompañamiento y formación obligatoria para quienes intervienen en estas causas. Porque los femicidios no son tragedias inevitables: son crímenes que podrían haberse evitado si el Estado actuara a tiempo.

Cada nombre que se suma a esta lista es una vida arrebatada y una alerta que no fue escuchada. Mientras la violencia crece, la respuesta institucional sigue siendo insuficiente. La urgencia no puede esperar más: "Ni una menos" no es una consigna vacía. Es un grito de supervivencia.

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