EMERGENCIA EN PEDIATRÍA
Trabajadores del Garrahan marchan para que el Congreso cumpla
Esta mañana, las calles que llevan al Congreso se llenaron de la movilización del personal del Hospital Garrahan, que no está dispuesto a esperar más. La ley de emergencia pediátrica, conocida como ley Garrahan, espera por su aprobación y, con ella, la recomposición de salarios, la derogación de la degradante resolución que transforma residencias en becas y la mejora del presupuesto del hospital.
Alejandro Lipcovich, secretario general de ATE en el Garrahan, no dudó en calificar al gobierno de “desgastador y difamador”. “Sin la lucha, sin el paro y sin la movilización, nunca hubiéramos llegado hasta acá. Y aún con dictamen favorable en comisiones, necesitamos que la presión de la calle sea total para que esta ley no quede en letra muerta”, afirmó.
La bronca entre los trabajadores es palpable. “Estamos cansados de que intenten desgastarnos, cuestionarnos y difamarnos mientras seguimos salvando vidas. Pero esta bronca se canaliza en lucha, en movilización, en no bajar los brazos”, dijo Lipcovich. La ofensiva del gobierno no se limita a palabras: hay amenazas de descuentos, intentos de despidos y un hostigamiento constante hacia quienes mantienen el hospital en funcionamiento.
El dirigente confirmó un paro de 24 horas previsto para el jueves 28, que servirá de advertencia de que la paciencia de los trabajadores se agotó. “No podemos esperar que aprueben la ley, que la veten, que vuelva a pasar por las cámaras mientras seguimos siendo golpeados por salarios de hambre y condiciones imposibles. Esto no es un capricho, es supervivencia”, aseguró.
Lipcovich también denunció la complicidad de algunos bloques políticos y la fragmentación de la oposición. “El gobierno juega con la desunión y la burocracia sindical cómplice, pero nosotros tenemos la calle, tenemos la fuerza de quienes saben que este hospital no puede esperar”, señaló.
La movilización de hoy no es simbólica: es un recordatorio de que la lucha de los trabajadores del Garrahan es una pelea por justicia, dignidad y por el futuro del hospital público. “No estamos defendiendo solo salarios. Estamos defendiendo vidas, condiciones de trabajo, el hospital, y el derecho de toda la sociedad a un sistema de salud que funcione”, concluyó Lipcovich, mientras cientos de trabajadores avanzaban decididos hacia el Congreso.