Milei, Trump y la Geopolítica del Desencanto
La Retórica que aburre y la mentira que se desnuda
Javier Milei asumió la presidencia de Argentina con la promesa de una transformación en la economía y la “Casta” política del país. Sus discursos, cargados de fervor ideológico y una marcada admiración por figuras como Donald Trump, parecían alinearlo con una nueva ola de líderes de derecha. Sin embargo, la reciente llegada de Trump nuevamente a la Casa Blanca ha dejado en evidencia una fragilidad en la relación que Milei esperaba consolidar para su beneficio.
Desde el comienzo, Milei apostó por una estrategia de alineamiento incondicional con Estados Unidos, particularmente con Trump. Creyó que el respaldo del magnate republicano serviría como un salvavidas para sus desvaríos económicos, marcadas por el ajuste extremo y la reducción del Estado. Pero la realidad económica argentina ha demostrado ser mucho más frágil de lo que sus discursos admiten. Las supuestas mejoras en los indicadores macroeconómicos no se reflejan en la calidad de vida de los ciudadanos, y el país sigue dependiendo de una deuda interna creciente y de medidas de austeridad que golpean duramente a la clase media y trabajadora.
Mientras Trump parece estar concentrado en asuntos de política internacional a gran escala, como diálogos de pacificación en el conflicto entre Rusia y Ucrania y la apertura de un canal de diálogo en la Franja de Gaza, Milei sigue una estrategia opuesta. Su enfoque beligerante y su insistencia en alinearse con ciertos factores geopolíticos sin contemplar el diálogo ni la tregua han generado dudas sobre su capacidad de negociación en la escena internacional. Mientras Trump busca consolidar su rol como un mediador en conflictos globales, Milei se mantiene atado a una retórica agresiva que lo aísla y le resta credibilidad ante líderes mundiales.
El autoritarismo con el que Milei ha manejado su gobierno tampoco contribuye a su imagen internacional. Su incapacidad para establecer negociaciones efectivas y su desprecio por el consenso lo han convertido en un líder poco confiable incluso para aquellos con quienes inicialmente compartía una visión política. La economía argentina, lejos de encontrar un rumbo sólido, sigue dependiendo de medidas de extracción y entrega de recursos estratégicos, afectando especialmente a las pequeñas y medianas empresas, que son el verdadero motor del empleo y la producción en el país.
Argentina necesita un presidente que entienda la importancia de fortalecer su tejido productivo en lugar de debilitarlo. El mandato de Milei no debería consistir en desmantelar la clase media ni en empujar a los trabajadores a la pobreza. Por el contrario, su responsabilidad es generar fuentes de empleo, fomentar la producción de bienes y servicios y mejorar la calidad de vida de los argentinos. Sin una política económica sustentable y sin una estrategia de relaciones internacionales más pragmática y menos ideológica, su gobierno corre el riesgo de convertirse en una etapa de crisis y desilusión para los argentinos.
"Cuando un solo hombre decide por todos, la democracia deja de ser más que una ilusión." Anónimo