EDITORIAL
"Cuando el Ego decide por nosotros"
El ego, ese concepto tan discutido en la filosofía y la psicología, puede ser nuestro peor enemigo. Desde que tenemos conciencia, el ego nos acompaña como una voz interna que, en su mejor versión, nos motiva y nos impulsa a alcanzar metas. Pero en su peor expresión, puede convertirse en una fuerza destructiva que nubla nuestra voluntad y nos obliga actuar sin razonamiento a puro Impulso emocional, desnudando un narcisismo y egoísmo que se refleja en nuestras expresiones: “Yo Soy” “Yo Pienso” “Yo Siento” “Yo ya lo Sabia” “Yo Hago” y en acciones, cuando asumimos nuestra defensa sin razonar siquiera si hubo un ataque, y dejarnos llevar por la irracionalidad.
¿Por qué el ego puede ser más fuerte que el sentido común? La respuesta podría estar en su capacidad de alimentar una ilusión de superioridad. El ego nos susurra que somos invencibles, que nuestra Postura es la única válida y que cualquier contradicción a nuestro punto de vista es un ataque personal. El Ego busca controlarnos y manipularnos para satisfacer sus propósitos.
Un ejemplo claro de cómo el ego toma el control es cuando nos hace creer que tenemos poderes casi sobrehumanos y nos exige comportarnos como si fuéramos mesías. En un mundo donde las redes sociales amplifican nuestras voces, el ego se alimenta de la validación de nuestras publicaciones y comentarios favorables. Esto puede llevarnos a creer que tenemos una autoridad moral o intelectual por encima de los demás, y nos impulsa a mirar al prójimo desde una posición de superioridad.
Hoy en día, podemos identificar al Ego: en la política, donde líderes se ven atrapados en su propia narrativa mesiánica; en el trabajo, donde las luchas de poder opacan el trabajo en equipo; y en nuestra vida personal, donde el ego nos dice que no podemos permitir que "nos digan o nos hagan tal o cual cosa". El resultado es un mundo más dividido, donde la convivencia y el entendimiento mutuo se sacrifican en el altar del orgullo y la vanidad,
Entonces, ¿cómo podemos boicotear el poder del ego sobre nuestras decisiones y actitudes? Es fundamental desarrollar una práctica de autorreflexión. Tomarnos el tiempo para examinar nuestras motivaciones y preguntarnos si nuestras acciones están guiadas por el ego o por un sentido más profundo de conexión con la realidad.
Cultivar la humildad. Reconocer que no lo sabemos todo y que siempre podemos aprender algo de los demás es un antídoto poderoso contra el ego. Finalmente, practicar la empatía. Ponernos en los zapatos de los demás nos ayuda a recordar que todos estamos luchando nuestras propias batallas y que no somos superiores ni inferiores a nadie. Somos eternos alumnos de la vida, como decía Sócrates “Solo sé que no sé nada”.
El ego no es algo que podamos eliminar completamente, pero sí podemos domarlo. En lugar de permitir que dicte nuestras acciones, podemos elegir escuchar su voz y redirigir nuestra energía hacia actitudes más constructivas. El reto está en ser conscientes de su influencia y en no permitir que nos convierta en prisioneros de nuestra propia arrogancia.
“La sabiduría no consiste en tener más conocimientos que los demás, sino en reconocer Nuestra propia ignorancia”.
Sócrates filósofo griego