¿Extinción o Reconstrucción?: El reto de la humanidad
Vivimos en una era que presume de avances tecnológicos y sociales, saltamos cada vez más alto, corremos cada vez más rápido, pero hay algo que impide la evolución de la conducta Humana. Nos encontramos en una involución permanente que no nos permite avanzar hacia una convivencia más armoniosa, retrocedemos hacia patrones de agresividad, intolerancia y desprecio, hacia todo lo que nos rodea.
El diálogo y el consenso, herramientas fundamentales para la convivencia, han sido reemplazadas por discursos cargados de agravios y descalificaciones. Hoy es común presenciar debates que no buscan entendimiento, sino la imposición de ideas mediante la difamación y la violencia verbal. Las redes sociales son un caldo de cultivo de alto despliegue de intolerancia, discriminación y una violencia inusitada, que se han convertido en campos de batalla donde el anonimato y la inmediatez alimentan una peligrosa apología de la violencia.
Las interacciones humanas, también agreden nuestro hábitat, el planeta que nos contiene, es víctima de una agresión constante. Lo tratamos con una indiferencia que raya la crueldad, consumiendo sus recursos sin pensar en las consecuencias para las generaciones futuras. La naturaleza responde a nuestra negligencia con fenómenos cada vez más extremos, pero seguimos sin escuchar.
¿Qué nos está pasando? ¿Por qué hemos permitido que el respeto y la empatía se vean eclipsados ââpor el egoísmo y la agresión? ¿Que valores estamos priorizando como sociedad? Hemos naturalizado la violencia, aceptándola como un medio válido para imponer decisiones y acallar voces.
Además, las guerras, esos conflictos que creíamos parte de un pasado remoto, siguen escribiendo capítulos oscuros en nuestra historia. La invasión de Rusia a Ucrania no solo ha devastado ciudades y vidas, sino que también ha puesto en riesgo la estabilidad global con una amenaza nuclear latente. En paralelo, el conflicto entre Israel y Palestina se perpetúa en una espiral de violencia que parece no tener fin, dejando tras de sí miles de muertos, heridos y desplazados. Cada bomba, cada bala, parece alejarnos más de una solución y profundizar el odio entre pueblos.
Nos enfrentamos a un mundo que no declina en su violencia. Los intentos de paz, por valiosos que sean, parecen insuficientes frente a la maquinaria de destrucción que hemos perfeccionado a lo largo de los siglos. Ante este panorama, surge una pregunta inevitable: ¿Cómo es posible que no nos extingamos?
El mundo está pidiendo un cambio. Y aunque parezca que hemos perdido el rumbo, todavía hay quienes luchan por la vida, por la justicia, por la paz. Tal vez la respuesta no sea extinguirnos, sino reconstruirnos: aprender de nuestros errores y trabajar para que este período de oscuridad no sea el epílogo de la humanidad, sino el prólogo de un futuro mejor.
“Ante las atrocidades tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”. Elie Wiesel, premio Nobel de la Paz y superviviente del Holocausto.