martes 7 de abril de 2026

CONSECUENCIAS PREOCUPANTES

Adicción al celular: cuando el placer inmediato se convierte en una trampa silenciosa

Especialistas advierten sobre los efectos del uso excesivo de redes sociales en el cerebro y la vida cotidiana.
martes 07 de abril de 2026

En una época donde el teléfono celular se volvió una extensión del cuerpo, la preocupación por el uso excesivo de redes sociales crece al mismo ritmo que las horas frente a la pantalla. Lo que para muchos parece un hábito cotidiano e inofensivo, para otros comienza a transformarse en una adicción con consecuencias profundas.

El licenciado en psicología Federico Esteban Acosta —especialista en conductas adictivas— explicó en "Formosa Mi Ciudad" de FM Espacios 92.5 que el fenómeno tiene una base biológica clara: el cerebro responde al uso de redes sociales liberando sustancias asociadas al placer. “Hay una búsqueda constante de gratificación inmediata. Eso hace que queramos volver una y otra vez”, señaló.

Para ilustrarlo, recordó un experimento clásico de laboratorio: un roedor que accedía a agua azucarada mediante una palanca terminó consumiéndola de manera compulsiva, dejando de lado incluso sus necesidades básicas. El resultado fue extremo: murió por exceso. “El ser humano también es propenso a los excesos. Cuando se rompen los límites, aparecen las adicciones”, recalcó.

En el caso de las redes sociales, el mecanismo se potencia con elementos como el “scroll infinito” y la validación externa. Los “me gusta”, comentarios y visualizaciones generan una sensación de recompensa constante que puede derivar en dependencia. “Muchas veces no somos conscientes del tiempo que pasamos frente al celular ni del impacto que tiene”, agregó.

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Uno de los efectos más preocupantes es la construcción de una identidad virtual. Según el especialista, las personas comienzan a vivir en una “realidad editada”, donde priorizan una versión idealizada de sí mismas por sobre su vida real. “Se genera una confusión interna. Se empieza a valorar más lo digital que lo físico, lo superficial por sobre lo esencial”, manifestó.

La diferencia entre hábito y adicción es clave. “El hábito es saludable; la adicción es destructiva. Cuando perdemos la capacidad de elegir y el comportamiento se vuelve compulsivo, estamos frente a una adicción”, sostuvo Federico.

Lejos de ser un problema exclusivo de jóvenes, el uso problemático del celular también afecta a adultos y adultos mayores. En muchos casos, está vinculado a la soledad o a la falta de una rutina estructurada. “El exceso de tiempo libre sin una organización puede llevar al consumo adictivo. Necesitamos una agenda diaria que ordene nuestra vida”, afirmó.

Las consecuencias pueden ser graves: aislamiento social, deterioro de vínculos, pérdida de habilidades emocionales e incluso una progresiva “deshumanización”. “Las adicciones nos quitan la libertad de elección y nos alejan de lo que nos hace humanos”, advirtió.

Frente a este panorama, surgen iniciativas que buscan reconectar a las personas con experiencias reales. Espacios de encuentro, contacto con la naturaleza y actividades presenciales aparecen como alternativas para contrarrestar el impacto digital.

“El problema no es la tecnología en sí, sino el uso que hacemos de ella. Las máquinas no necesitan emociones, pero nosotros sí. Recuperar eso es fundamental para nuestra salud mental”, concluyó el especialista.