OPINIÓN
¿Quién se hará cargo de las frustraciones del pueblo argentino?
Javier Milei conserva un núcleo duro de apoyo que permanece firme, incluso frente a un escenario económico y social que muestra señales de deterioro. Y aunque algunos pretendan presentarlo como un fenómeno inexplicable, quizás no lo sea tanto.
Hay analistas que dicen que, si las elecciones fueran hoy, ganaría Milei, porque la política también se construye sobre las debilidades de quienes deberían representar la alternativa.
Las fábricas cierran, los comercios bajan sus persianas, miles de trabajadores pierden sus empleos y millones de argentinos hacen malabares para llegar a fin de mes. El dinero ya no alcanza para cubrir lo esencial, mientras el transporte, los servicios y los gastos cotidianos se convierten en una carga cada vez más difícil de sostener. A esto se suma un país fuertemente endeudado y una sociedad que experimenta, en su vida diaria, las consecuencias de un modelo económico que todavía no encuentra respuestas para amplios sectores de la población.
Sin embargo, las mediciones de opinión siguen mostrando un escenario que obliga a reflexionar: Milei conserva un respaldo significativo y mantiene abierta la posibilidad de disputar un segundo mandato. Los números, como la realidad cotidiana, también deben ser interpretados. Un tercio de la sociedad lo acompaña, otro tercio permanece desencantado y existe un tercer sector que ha perdido la confianza en todo el arco político. No apoyan al Gobierno, pero tampoco encuentran razones suficientes para confiar en quienes pretenden reemplazarlo.
En ese último segmento está una de las claves del escenario electoral, se estima que un diez o un quince por ciento, está esperando una señal, una propuesta concreta, una referencia política que les permita recuperar cierta expectativa. Para algunos, incluso, una mejora económica podría modificar sus preferencias, y se volcarían a apoyar al presidente Javier Milei.
Pero ojo … ese espacio no está esperando discursos nostálgicos ni promesas recicladas, está esperando respuestas concretas, proyectos que enamoren.
Mientras tanto, el oficialismo trabaja sobre su proyecto de continuidad y la oposición parece atrapada en sus propias contradicciones. Muchos ya se pusieron pelucas y esto acrecienta las grietas del peronismo, sus disputas internas y las diferencias de liderazgo terminan convirtiéndose en un problema que excede largamente a sus dirigentes. Porque cuando la sociedad reclama respuestas, las internas partidarias parecen una discusión ajena a las urgencias.
El diagnóstico está a la vista. Lo que falta es el tratamiento. La receta para aliviar el diagnostico. Y ahí comienza el verdadero problema de la política, no alcanza con señalar la gestión del Gobierno, enumerar sus consecuencias ni esperar que el desgaste haga el trabajo por los demás. Hace falta construir una propuesta, recuperar credibilidad, ofrecer conducción y demostrar que existe algo más que una oposición circunstancial. Falta mucho dicen algunos, pero el tiempo vuela y desgasta a los mas potables candidatos que podrían erigirse como una alternativa seria y contundente.
Un pueblo angustiado no vive de diagnósticos, necesita soluciones. Y cuando quienes deberían ofrecerlas siguen discutiendo quién conduce, quién tiene razón o quién ocupa el primer lugar, el vacío político permanece. Y la frase “La Unión Hace la Fuerza” se diluye en un mar agitado de incertidumbres.
Milei puede encontrar en sus adversarios la oportunidad de continuar. Pero la oposición no debería confundir el desgaste del Gobierno con la construcción de una alternativa. Una cosa es que la sociedad esté descontenta; otra, muy distinta, es que vuelva a confiar. Y esa confianza no se reclama, se construye.