DAÑO AMBIENTAL
Estiman que los incendios del oeste afectaron unas 15.000 hectáreas
Los incendios que afectaron durante los últimos días a distintas comunidades del oeste formoseño dejaron una superficie estimada de hasta 15.000 hectáreas afectadas por el fuego, según el relevamiento realizado a partir de imágenes satelitales por el equipo de alerta temprana de la cuenca del río Pilcomayo.
Luis María de la Cruz, especialista ambiental y coordinador de los sistemas de alerta temprana de la cuenca del río Pilcomayo en Formosa, explicó en diálogo con "La Otra Mirada" de FM Espacios 92.5 que el desastre registrado a fines de septiembre no comenzó con los grandes focos que avanzaron sobre las poblaciones.
De acuerdo con el análisis realizado hasta el 27 de septiembre, unas 13.500 hectáreas ya habían sido alcanzadas por el fuego en la jurisdicción de Pozo de Maza. Sin embargo, De la Cruz precisó que entre principios de agosto y el 25 de septiembre ya se habían quemado aproximadamente entre 8.000 y 9.000 hectáreas en la zona.
El especialista señaló que el escenario se agravó entre el 26 y el 28 de septiembre, cuando se combinaron fuertes vientos del norte, temperaturas elevadas y muy baja humedad. Con los datos disponibles y considerando las zonas donde se registraron nuevos focos, estimó que la superficie total afectada podría llegar a unas 15.000 hectáreas.
Advierten que el fuego podría reactivarse
Las lluvias registradas en la zona ayudaron a disminuir la intensidad de los incendios, aunque De la Cruz aclaró que esto no significa que el peligro haya desaparecido por completo.
“Muchas veces cuando reincide el viento norte se reactivan focos de incendio que quedan, pequeños trozos de madera que quedan todavía encendidos bajo tierra”, explicó.
La experiencia de monitoreos realizados en el Chaco paraguayo y el este de Bolivia muestra que algunos focos pueden permanecer activos debajo de la superficie y volver a generar incendios si se presentan nuevamente las condiciones de sequedad, calor y viento.
El impacto sobre las comunidades
Más allá de la superficie quemada, De la Cruz puso el foco en las consecuencias que el fuego dejó sobre las comunidades indígenas y criollas del oeste.
El especialista consideró que todavía es prematuro establecer con precisión cuántos animales murieron o qué cantidad de bienes se perdió, debido a la situación que atraviesan las familias afectadas.
“Lo que se perdió es todo el forraje de aquí a fin de año, hasta que comiencen las lluvias y comience a rebrotar todo”, explicó.
En ese sentido, señaló que el problema no termina con la extinción de los focos, ya que la pérdida de pasturas afecta directamente al sistema productivo y a la posibilidad de alimentar al ganado vacuno, caprino y porcino.
Agua, alimentos y forraje, entre las principales necesidades
De la Cruz indicó que las comunidades necesitan principalmente alimentos y agua, mientras que para los productores ganaderos resulta fundamental garantizar el acceso al forraje y a las fuentes de agua.
También advirtió que deberán evaluarse las condiciones en las que quedaron los pozos utilizados por los pobladores y analizar si pueden continuar funcionando después del paso del fuego.
Respecto de la posibilidad de realizar canalizaciones para acercar agua, explicó que intervenir sobre el río Pilcomayo implica riesgos y que una obra de ese tipo podría generar problemas cuando se produzcan futuras crecidas.
Un escenario de sequía que podría extenderse
El especialista sostuvo además que las condiciones climáticas que se vienen registrando forman parte del fenómeno que se esperaba para esta temporada. Según explicó, hasta diciembre se prevén temperaturas entre normales y superiores a las normales, junto con precipitaciones normales o inferiores a las habituales.
“Lo que representa es una situación de mayor sequía y menor capacidad del sistema de generar forraje para alimentar al ganado”, advirtió.
Por último, De la Cruz destacó el papel que tuvieron algunos sectores de la defensa construida en la zona, que funcionaron como cortafuegos. Sin embargo, señaló que donde la infraestructura no contaba con el mantenimiento necesario, la vegetación seca permitió que las llamas la atravesaran.
“La defensa en algunas partes donde está bien mantenida pudo contener un poco el fuego, pero donde no tenía mantenimiento realmente mostró que hace falta no solamente para el agua sino también para el fuego”, concluyó