2026-08-02

INTERIOR FORMOSEÑO

El merendero que nació en una casa y hoy sostiene la esperanza de decenas de niños en Laguna Yema

Quienes deseen colaborar pueden realizar su aporte al alias benmarluni, a nombre de Betis Rosana Albornoz.

La periodista y corresponsal de "Hora 20" de FM Espacios 92.5, Myriam Patricia Albornoz, compartió la historia de "Luz de Esperanza", el merendero que funciona en el barrio La Unión de Laguna Yema y que comenzó hace pocas semanas en el patio de su vivienda.

Lo que durante años fue un anhelo personal terminó convirtiéndose en un espacio de contención para alrededor de 50 niños, gracias al acompañamiento de vecinos, voluntarias y personas que colaboran con donaciones para sostener la iniciativa.

Albornoz, recalcó que el proyecto surgió después de mucho tiempo de reflexión y de observar las necesidades que atraviesan numerosas familias de la localidad. Contó que durante años soñó con abrir un merendero, aunque recién decidió dar el primer paso cuando sintió que era el momento indicado.

Desde entonces, la respuesta solidaria de la comunidad permitió que el espacio creciera rápidamente y comenzara a recibir a decenas de chicos cada fin de semana.

Un espacio para alimentar, escuchar y acompañar

A su vez, remarcó que el objetivo del merendero va mucho más allá de servir una taza de chocolate o un plato de comida. Según explicó, el propósito principal es brindar un lugar donde los niños puedan jugar, sentirse contenidos y encontrar adultos dispuestos a escucharlos. También sostuvo que muchas veces las familias necesitan acompañamiento emocional además de asistencia alimentaria, por lo que buscan generar un ambiente de confianza para toda la comunidad.

Actualmente, el funcionamiento del lugar depende del trabajo voluntario de un grupo de mujeres del barrio, quienes colaboran en la preparación de los alimentos, la organización y la atención de los chicos. Albornoz agradeció especialmente a Elena Jiménez, Karina Ruiz, Juanita Soria y Martina, asimismo de los numerosos vecinos que realizan aportes económicos o acercan mercadería.

"Aseguró que cada ayuda recibida queda registrada para garantizar un manejo transparente de los recursos".

La periodista reconoció que la situación económica dificulta sostener el proyecto, ya que los costos aumentan constantemente y las necesidades son cada vez mayores. Por ese motivo, busca distintas alternativas para conseguir alimentos, como acuerdos con comercios locales e incluso destinar parte de las ganancias de su emprendimiento personal para comprar lo que hace falta cuando los recursos no alcanzan.

El merendero funciona en un espacio reducido y todavía no cuenta con la infraestructura necesaria. Muchas veces los chicos deben comer de pie, utilizar mesas prestadas por vecinos o sentarse donde encuentran lugar, debido a la falta de mobiliario.

A pesar de esas limitaciones, Albornoz concluyó que continuará trabajando junto al grupo de voluntarias con la esperanza de conseguir un espacio propio que permita ampliar la asistencia y llegar a más familias de Laguna Yema.

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