ESCÁNDALO SIN LÍMITES
El repudiable rol de la China Suárez en la guerra judicial para sacarle las hijas a Wanda Nara
​​La escandalosa separación de Wanda Nara y Mauro Icardi sumó un capítulo de ribetes casi perversos que excede lo futbolístico para convertirse en un debate de pura moral pública. La filtración de la declaración testimonial de Eugenia "La China" Suárez ante los tribunales de Turquía desató un repudio generalizado en las redes sociales y los medios de comunicación. El cuestionamiento es tan directo como letal: la sociedad no le perdona a la actriz que, siendo madre de tres hijos, haya decidido poner el cuerpo y su firma en una estrategia judicial cuyo único fin es quitarle la tenencia de las nenas a otra mamá.
​El documento, sacado a la luz por la periodista Naiara Vecchio, muestra cómo Suárez se prestó al juego de Icardi para justificar una supuesta "armonía familiar" en Estambul. En su testimonio, la actriz describe una cotidianidad idílica, asegurando que el futbolista trata a sus hijos como propios y que sus pequeñas hijas comparten juegos, bailes y maquillajes con las hijas de Wanda. Incluso, de manera casi provocadora, aportó como prueba videos y fotos de su propio teléfono celular para convencer a los jueces turcos de que el delantero debe quedarse con la custodia de las menores bajo una supuesta figura de "restitución internacional".
​La respuesta de la opinión pública fue de una condena absoluta ante lo que se percibe como una falta total de códigos y empatía maternal. Mientras la China Suárez aduce en el expediente que su rol es "procurar que los niños no se vean afectados", para el público se trata de una fría venganza personal que cruza todos los límites tolerables. La indignación creció aún más tras las desgarradoras declaraciones de Flor de la V, quien reveló el llanto desconsolado de Wanda Nara durante la fiestta de los Martín Fierro, atrapada en una pesadilla donde el padre de sus hijas, asesorado por las abogadas Elba Marcovecchio y Lara Piro, intenta desterrar a las nenas al otro lado del mundo.
​Con Wanda y su abogada Ana Rosenfeld contraatacando desde la Embajada de Turquía por el incumplimiento de la cuota alimentaria, el panorama es desolador. La intervención de la China Suárez en esta causa no solo profundiza una herida que parecía insanable, sino que la coloca en el ojo de la tormenta mediática, señalada por la frialdad de aliarse con un hombre para quebrar el vínculo más sagrado: el de una madre con sus hijas.