2025-12-22

El trabajador argentino y la falsa modernización

Menos derechos, más obediencia: el nuevo orden laboral que propone el gobierno

Opinión.

El trabajador argentino, hoy al borde de la indigencia, seguirá cayendo de nivel si se aprueba esta llamada ley de “modernización laboral”. El término no se condice con el proyecto que pretende impulsar el gobierno: no hay modernización posible cuando el costo es la pérdida de derechos humanos básicos.

El trabajador no es una variable de ajuste ni un número en una planilla. Es un ser humano y una pieza esencial en el crecimiento de cualquier empresa. Sin su tiempo, su esfuerzo y su conocimiento, no hay producción ni capital que prospere. Por lo tanto, la contraprestación debe ser remunerada de manera acorde a la inversión de vida que implica trabajar.

La modernización, si pretende ser tal, no puede contemplar la degradación de derechos que son inalienables. Cuando el discurso oficial propone flexibilizar hasta el límite, lo que en realidad hace es empujar al trabajador a soportar un estado esclavista. La motosierra de Milei no corta privilegios: corta dignidad. Y, como tantas veces en la historia argentina, quienes terminan pagando la fiesta son los que nunca fueron invitados.

El gobierno se presenta como austero bajo el lema “no hay plata”, pero gobierna paradójicamente para quienes la amasan. Se demoniza el supuesto “exceso de derechos”, repitiendo que estos debilitan las obligaciones, cuando en realidad lo que debilita a una sociedad es la ausencia de equilibrio. No puede haber obligaciones sin derechos, ni derechos sin responsabilidades. La clave está en la armonía entre las partes, no en la supremacía de una sobre la otra.

El proyecto oficial inclina la balanza de manera obscena hacia los capitales, otorgándoles un poder casi absoluto, como si el empresario pudiera decidir sin límites el destino de quien le entrega su tiempo para producir y hacer crecer ese capital. Falta reconocer la pata esencial del sistema: el trabajador como partícipe necesario del crecimiento económico de la empresa.

Claro que hay cosas para revisar y mejorar en los contratos de trabajo. Nadie discute la necesidad de actualizar normas y de suavizar una relación que históricamente ha sido desigual entre quien pone el capital y quien pone el cuerpo. Pero ese equilibrio no se rompe cuando el trabajador participa activamente en las condiciones de trabajo; por el contrario, se fortalece.

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Una verdadera modernización laboral no se construye desde el sometimiento, sino desde el reconocimiento mutuo. Porque sin trabajadores con derechos, no hay empresas sostenibles. Y sin dignidad, no hay futuro posible.

“El trabajo no es una mercancía.”

Declaración de Filadelfia – Organización Internacional del Trabajo (OIT, 1944)

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