2025-12-03

ENERGÍA PARA COMUNIDADES

Paneles solares transforman la vida cotidiana en comunidades del oeste formoseño

Familias de Fwaiacucaat y Fraga accedieron por primera vez a energía eléctrica gracias a la instalación de paneles solares donados por iglesias de Buenos Aires. El proyecto, realizado junto a APCD y la parroquia de Ingeniero Juárez, mejora la refrigeración, comunicación y calidad de vida en plena temporada de calor extremo.

En el extremo oeste formoseño, donde el calor del Gran Chaco aprieta con fuerza y el tendido eléctrico nunca llegó, dos comunidades indígenas celebran un cambio histórico: por primera vez disponen de energía en sus hogares. La instalación de paneles solares en Fwaiacucaat, comunidad Nivaclé ubicada en El Algarrobal y en la comunidad wichí de Fraga permitió que todas las familias accedan a luz y electricidad básica en plena temporada de temperaturas abrasadoras.

La iniciativa se concretó a partir de la articulación entre miembros de las comunidades, la organización APCD, la parroquia Nuestra Señora de la Merced de Ingeniero Juárez, a través del padre Juan y un grupo de donantes particulares de iglesias cristianas de Buenos Aires que aportaron los recursos necesarios para llevar adelante el proyecto.

Hace un mes se había realizado la primera etapa en Fraga; ahora, el trabajo concluyó en Fwaiacucaat, donde el equipo de APCD pasó la noche junto a las familias tras una larga jornada de instalaciones. “Ya están las luces prendidas. Es una alegría enorme para cada familia y para nosotros también, porque podemos decir que estamos avanzando en un camino de energías renovables y sustentables”, expresó Pablo Chianetta, referente de APCD.

Un cambio profundo en la vida diaria

Las nuevas instalaciones permiten cargar celulares y computadoras, utilizar herramientas pequeñas, encender luces y alimentar un pequeño equipo de música. En ambas comunidades también se habilitó un freezer comunitario, clave para conservar alimentos, mantener hielo y refrigerar carnes del monte, algo fundamental en un territorio donde las temperaturas superan con facilidad los 40 grados.

En lugares aislados del noroeste formoseño, el acceso a energía implica mucho más que encender una lámpara:

  • permite comunicarse para pedir asistencia ante emergencias o solicitar el carro que rellena los pozos de agua;
  • garantiza refrigeración en días críticos;
  • mejora condiciones de salud y alimentación;
  • reduce la vulnerabilidad frente a inundaciones, sequías y olas de calor.

Una alternativa frente al aislamiento y el avance del desmonte

En Fwaiacucaat, los paneles solares no son novedad: años atrás se había impulsado un proyecto similar, pero la demanda creció y muchas familias seguían sin acceso. La distancia respecto a otras localidades impide cualquier conexión a la red eléctrica provincial, por lo que la energía solar se volvió la alternativa más viable, constante y sustentable.

En paralelo, la zona vive las consecuencias del avance del desmonte en el Gran Chaco. A comienzos de año, representantes de Greenpeace visitaron la comunidad para documentar el impacto: pérdida de monte nativo, suelos erosionados, inundaciones repentinas y temperaturas aún más elevadas. Las comunidades que habitan el territorio son quienes más sufren las consecuencias ambientales y sociales.

Una energía que también une

Más allá de la energía eléctrica, el proyecto movilizó a los propios habitantes, que participaron activamente en cada instalación. El trabajo conjunto fortaleció los vínculos, generó aprendizajes técnicos y recuperó la noción de comunidad frente a las adversidades.

“Estos proyectos renuevan energías en todos los sentidos”, señalaron desde APCD, al destacar el compromiso de quienes colaboraron desde Formosa y desde Buenos Aires.

La organización llamó a sostener este tipo de iniciativas para que más comunidades del oeste provincial accedan a condiciones dignas y sustentables: “Ayudanos a que proyectos como este sigan prosperando. Más manos, más energía, más futuro.”

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