2025-11-17

Opinión

Perpetua para los femicidas de Cecilia: un fallo que marca un límite y abre un camino

El veredicto por el crimen obtuvo sentencia del jurado popular.

El 2 de junio de 2023, Cecilia ingresó a la casa de la familia Sena y nunca volvió a salir con vida. Desde ese día, su nombre se convirtió en bandera, en grito, en herida abierta. Y fue su madre, Gloria Romero, quien tomó ese dolor insoportable y lo transformó en lucha: caminó, denunció, expuso, insistió. No dejó que el silencio —ese que tantas veces protege a los poderosos— se tragara la verdad.

Después de más de dos años, un jurado popular declaró culpables a César Sena, Emerenciano Sena y Marcela Acuña como principales responsables del femicidio de Cecilia.

El fallo no solo reconoce lo que la familia y la sociedad pedían a gritos: reconoce la verdad que la ciencia también sostuvo. Los análisis genéticos, las pericias realizadas sobre la sangre y los objetos encontrados en el lugar donde fue asesinada, fueron pruebas contundentes. La justicia finalmente habló, y habló alto.

Este juicio no fue uno más. Fue un desafío directo a estructuras de poder que durante años se acostumbraron a moverse con impunidad, amparadas por cercanías políticas y redes de influencia. Pero esta vez, ni los títulos ni los vínculos alcanzaron para borrar la evidencia ni para callar a quienes exigieron justicia.

Este veredicto recuerda que las instituciones pueden —y deben— estar del lado de las víctimas, no del lado de quienes se creen intocables.

Sin embargo, aunque hoy celebremos un avance enorme, no podemos olvidar que llegamos hasta aquí porque nos siguen matando. Porque cada día falta una más. Porque la violencia machista no entiende de límites si la sociedad no los impone.

El fallo por Cecilia es un paso indispensable, pero no suficiente: la justicia llega tarde para ella, como llega tarde para tantas otras.

Gloria Romero nos enseñó que la persistencia de una madre puede desmontar el silencio de un sistema. Que la organización colectiva puede derribar la impunidad. Que las voces de quienes claman “Justicia, y vivas y sin miedo nos queremos” no pueden ser acalladas, aunque algunos todavía lo intenten.

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