2025-09-27

OPINIÓN

La dignidad como frontera infranqueable

El gobierno de La Libertad Avanza ha mostrado una insensibilidad alarmante hacia los sectores más vulnerables.

En tiempos de crisis de valores éticos en quienes el pueblo confió, nos acostumbramos a palabras como: déficit, inflación, ajuste, reservas, equilibrio fiscal. Pero detrás de cada una de ellas se esconde una realidad más cruel, más dolorosa, que no puede medirse en porcentajes ni gráficos estadísticos, la dignidad de las personas.

Por eso la ECONOMÍA POLÍTICA conformada por dos palabras que requieren un equilibrio, la ECONOMÍA por sí misma es fría y calculadora, solo le interesa resultados sin importar el costo de sus objetivos. Pero ahí aparece el término POLÍTICA que debe darle a la economía, un marco humanitario e incluir al ser humano en sus propósitos.

La dignidad humana no es un privilegio otorgado por un gobierno ni un beneficio sujeto a los vaivenes del mercado. Sin dignidad no hay democracia, sin dignidad no hay justicia, sin dignidad no hay sociedad posible. Javier Milei, con su estilo de predicador mesiánico, repite que la justicia social es “una aberración”. Y sí, desde la óptica de los mercados es aberrante que un jubilado pretenda comer todos los días o que un paciente con cáncer exija medicación. Cómo no va a serlo, si eso altera la ecuación del déficit cero.

Cuando se desmantelan estas garantías, cuando se transforman derechos en mercancías, no se está “ajustando el gasto”: se está cercenando la dignidad. Y una sociedad que naturaliza que los niños pasen hambre, que los jubilados elijan entre comer o medicarse, que los estudiantes abandonen la escuela por falta de recursos, es una sociedad que se degrada a sí misma.

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Hoy nos enfrentamos a una realidad intolerable: la dignidad ya no se reconoce como el fundamento de la política, sino como un costo a recortar. Se nos quiere convencer de que la libertad consiste en sobrevivir en soledad, librados a la ley del más fuerte. Pero libertad sin justicia social es privilegio; libertad sin igualdad es mentira.

La dignidad no admite proscripción ni discriminación es la frontera ética que ningún poder debería cruzar. Defenderla no es un gesto ideológico, sino un deber cívico. Porque en la medida en que se siga despojando a los ciudadanos de sus derechos básicos, lo que se pierde no es solo bienestar material: lo que se erosiona, lentamente, pero de manera irreversible, es la condición misma de humanidad de nuestra vida en común.

El gobierno de La Libertad Avanza ha mostrado una insensibilidad alarmante hacia los sectores más vulnerables. La política de “ajuste o nada” ha empujado a miles a la pobreza. No se trata de un simple recorte de gastos, sino de un desmantelamiento de políticas que brindaban un mínimo de protección social.

Y frente a esta amenaza, no caben excusas ni eufemismos: como recordaba Eduardo Galeano, “la dignidad no se negocia.”

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