2025-09-25

VIOLENCIA EXTREMA

Triple femicidio y una sociedad que clama por justicia

El hallazgo de tres jóvenes asesinadas volvió a estremecer a la sociedad argentina. Brenda, Morena y Lara no son cifras ni titulares pasajeros: son vidas truncadas por un femicidio múltiple que interpela al Estado y moviliza a la ciudadanía.

El reciente triple crimen desnuda una herida profunda: la incapacidad del Estado y de la sociedad para garantizar que las mujeres vivan sin miedo. La versión oficial apuntó de inmediato al narcotráfico, pero reducirlo a esa hipótesis implica borrar lo central: fueron tres mujeres asesinadas en un mismo acto de violencia machista. Invisibilizar ese carácter colectivo significa restarles humanidad y contexto a las víctimas.

Los datos son contundentes. En 2024 se registró un femicidio cada 39 horas en Argentina, según la Corte Suprema. En lo que va de 2025 ya son decenas las mujeres muertas por esta violencia extrema. Este triple femicidio se suma a una espiral que no cede.

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La voz de las calles en Formosa

El horror no quedó solo en estadísticas. En Formosa, organizaciones sociales, feministas y de derechos humanos convocaron a una marcha bajo la consigna “Ni una menos, vivas y libres nos queremos”. En el comunicado difundido por las agrupaciones convocantes se expresa:

“El hallazgo de tres jóvenes asesinadas nos llena nuevamente de horror. No son cifras abstractas ni titulares: son vidas arrebatadas. En los cuerpos violentados de Brenda, Morena y Lara el dolor se multiplica, y la rabia también. Cada femicidio habla de algo más. No aceptamos que se culpabilice a las víctimas ni que se reduzca todo a una disputa de narcos. Estamos frente a un femicidio múltiple y el Estado debe responder con políticas reales de prevención y protección”.

La marcha incluyó un pedido explícito al Gobierno provincial y nacional: mayor presupuesto en políticas de género, programas de acompañamiento y prevención, y el cumplimiento efectivo de las leyes vigentes.

Femicidios en la trata y prostitución: los clientes como agresores

Una investigación del Programa de Estudio, Formación e Investigación sobre Trata y Explotación (PEFITE-UNSAM) analizó 38 femicidios cometidos entre 2015 y 2020 en contextos de prostitución y trata. El dato que sacude: en el 47% de los casos los agresores fueron “clientes” prostituyentes; en el 26% tratantes o proxenetas.

“Los prostituyentes no pagan por sexo, pagan por la impunidad de violar”, resumió Alika Kinan, sobreviviente de trata y directora del estudio. El informe revela además que la mayoría de las víctimas eran argentinas, jóvenes y pobres, atrapadas en redes que se alimentan de la vulnerabilidad social y económica.

La investigación advierte sobre un subregistro: muchos de estos crímenes ni siquiera son catalogados como femicidios, sino como homicidios simple. Esa tipificación judicial, señalan, profundiza la revictimización y la impunidad.

La deuda pendiente

Cada femicidio debería ser un grito colectivo. Pero en vez de transformar el dolor en políticas efectivas, se repiten explicaciones que desplazan la culpa hacia las víctimas: “por qué salieron de noche”, “qué ropa llevaban”, “por qué aceptaron la invitación”. Ese juicio social es violencia simbólica.

Honrar a Brenda, Morena y Lara exige algo más que velas encendidas y minutos de silencio. Implica exigir un Estado activo que entienda que la autonomía femenina no debe ser un riesgo, sino un derecho.

Mientras la violencia machista siga naturalizada y las políticas públicas resulten insuficientes, la pregunta seguirá siendo la misma: ¿cuántas muertes más harán falta para un cambio profundo?

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