2025-02-11

Violencia machista y discursos de odio: la responsabilidad política en tiempos de Milei

La violencia de género en Argentina sigue cobrándose vidas mientras el discurso de odio se propaga desde los más altos niveles del poder. Los brutales hechos ocurridos estos últimos días -la tentativa de femicidio en el barrio Venezuela y el femicidio de esta madrugada en el barrio Obrero- no son casos aislados. Son el síntoma de una sociedad donde la misoginia, lejos de ser combatida, encuentra eco y legitimación en el discurso violento que baja desde el Gobierno de Javier Milei y su séquito.

Desde su llegada al poder, Milei desmanteló políticas de género y despreció públicamente las luchas feministas, calificándolas de "ideología" o "curro". Este desprecio no es solo simbólico; tiene consecuencias concretas.

La eliminación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad envió un mensaje claro: la violencia machista no es prioridad para el Estado. El recorte de presupuestos destinados a la prevención y asistencia de víctimas deja a miles de mujeres aún más desprotegidas.

No se puede ignorar la relación entre la escalada de violencia contra las mujeres y la naturalización de discursos que las deshumanizan. Cuando el presidente y sus funcionarios atacan a periodistas, políticas o activistas con insultos y burlas, están validando la violencia como forma de expresión. No es casual que los femicidios y ataques brutales como los de estos últimos días aquí en Formosa y los ataques a parejas de lesbianas en Buenos Aires, por ejemplo, sigan ocurriendo con total impunidad.

El caso de Estefanía, quien tuvo que arrojarse de un balcón para escapar de su agresor, es estremecedor. Su testimonio en redes sociales deja en evidencia el terror que vivió y la falta de contención previa para evitarlo. Lo mismo sucede con el femicidio de Romina Ibarra, la mujer, madre, docente asesinada en el barrio Obrero esta madrugada: una víctima más de un sistema que sigue fallando en protegerlas.

Argentina fue un país pionero en la lucha contra la violencia de género, con hitos como la Ley Micaela y la movilización del Ni Una Menos. Pero hoy, con un gobierno que ridiculiza esas conquistas y alienta la agresividad en su militancia, el panorama se torna aún más peligroso. La violencia no surge de la nada: se alimenta de discursos, decisiones políticas y un clima social que la normaliza.

Mientras Milei y sus seguidores continúen impulsando un modelo de país basado en la agresión y el desprecio por los derechos de las mujeres, los femicidios seguirán ocurriendo. 

No se trata solo de condenar estos crímenes cuando suceden, sino de entender que la violencia machista es también una consecuencia de las palabras y políticas que legitiman la desigualdad y el odio.

No hay libertad posible cuando nos siguen matando. No hay progreso cuando el miedo sigue siendo parte de nuestras vidas. Es urgente recuperar el camino de la protección, la educación y la prevención, antes de que sea demasiado tarde.

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