VIOLENCIA TRANSFÓBICA

Ataque a mujeres trans en Palermo: brutal agresión expone el avance de los crímenes de odio

Decenas de jóvenes atacaron a trabajadoras sexuales trans en los bosques de Palermo, las golpearon con palos, piedras y otros objetos y difundieron los videos en redes sociales para burlarse de las víctimas. El episodio reavivó la preocupación por el crecimiento de la violencia contra la diversidad sexual en un contexto de retroceso de derechos y discursos de odio.

La violencia contra las personas trans volvió a quedar expuesta con crudeza en la Ciudad de Buenos Aires. Durante la noche del domingo 1 y la madrugada del lunes 2 de noviembre, un grupo de decenas de jóvenes protagonizó un brutal ataque contra trabajadoras sexuales trans en los bosques de Palermo. Las persiguieron, golpearon con palos, piedras, conos de tránsito y otros elementos contundentes, en una agresión que fue registrada por los propios atacantes y posteriormente difundida en redes sociales.

De acuerdo con los testimonios y las reconstrucciones del episodio, los agresores llegaron en bicicletas, comenzaron con provocaciones y burlas y luego regresaron con más personas y elementos para atacar a las mujeres. Al menos seis o siete víctimas sufrieron lesiones físicas, mientras que todas las presentes atravesaron situaciones de miedo y tuvieron que escapar para resguardar su integridad.

Pero la brutalidad del hecho no terminó con los golpes. Los atacantes publicaron las imágenes bajo expresiones transfóbicas como “A correr a los trabas” y mensajes de burla hacia las víctimas. Incluso uno de los involucrados se jactó de lo sucedido en sus redes sociales. La filmación y la celebración de la violencia exponen una dimensión particularmente preocupante:

la deshumanización de las personas trans, convertidas en blanco de agresiones que algunos de sus protagonistas exhiben como una hazaña.

Desde la Federación Argentina LGBT advirtieron sobre la magnitud del ataque y el crecimiento de los crímenes de odio. Su presidenta, María Rachid, sostuvo que la agresión fue organizada y que los participantes llevaban elementos preparados para golpear e intimidar a las trabajadoras. La organización trabaja en la presentación de actuaciones judiciales para que se investigue lo ocurrido y se identifique a los responsables.

El episodio tampoco puede analizarse de manera aislada del contexto social y político. El Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT registró 227 crímenes de odio durante el último año relevado, un incremento cercano al 60% respecto del período anterior. Las mujeres trans concentraron el 62% de las víctimas. El informe advierte que este crecimiento se produce en un escenario de retroceso de políticas públicas destinadas a garantizar los derechos de la diversidad sexual y de debilitamiento de los mecanismos estatales de protección.

En ese sentido, la preocupación de las organizaciones no se limita a las agresiones físicas. La deslegitimación de las políticas de género, los cuestionamientos a los derechos conquistados y la circulación de discursos discriminatorios desde espacios de poder contribuyen a construir un clima de hostilidad en el que la identidad de género puede convertirse en motivo de persecución. Cuando se relativiza la discriminación o se presenta la diversidad como una amenaza, se debilitan también las barreras sociales que deberían impedir la violencia.

La investigación judicial quedó en manos de la Unidad de Flagrancia Norte del Ministerio Público Fiscal porteño, que inició actuaciones de oficio y contempla la posible aplicación del agravante por odio de género. Desde distintos sectores de la comunidad LGBT reclamaron que el caso sea investigado con perspectiva de género y que no quede reducido a un episodio de violencia callejera.

La agresión ocurrió, además, a pocos días de una nueva Marcha del Orgullo, prevista para el 7 de noviembre, una movilización que vuelve a poner en el centro la defensa de los derechos y la igualdad. Lo sucedido en Palermo deja una pregunta que excede a la Justicia:

¿Cuántas agresiones más deben sufrir las personas trans para que la violencia motivada por el odio deje de ser naturalizada?

No se trata solamente de identificar y sancionar a quienes participaron de una golpiza. Se trata de reconocer que ninguna persona debería tener que esconderse, escapar o temer por su vida por su identidad de género. Los derechos de la diversidad sexual no son una concesión ideológica ni un privilegio: son derechos humanos. Y su retroceso no es inocuo.

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